Huila, Territorio Solidario: El pueblo guatemalteco y su lucha contra la corrupción
Por Israel Slva Guarnizo
Si algunos pueblos tienen dignidad, son las comunidades aborígenes, descartando aquellas expresiones que aprovechándose de esa condición también han ultrajado y mancillado el honor, como sucedió en la colonia. El caso reciente donde el ex personero de Bogotá Francisco Rojas Birry, purga una condena por delitos de corrupción. Guatemala logro movilizarse y hacer dimitir a su presidente, quitarle la inmunidad y ponerlo tras las rejas. Eso es dignidad, sobreponer sus intereses colectivos sobre los personales y exigir castigo por el uso indebido del poder. Las comunidades indígenas que derivan su conocimiento, su gobernanza y justicia bajo las formas ancestrales nos están dando ejemplo de cómo defender la dignidad, cuando está se vulnera.
El compromiso de su lucha obedece a la composición social de la que goza el pueblo guatemalteco, con mayoría descendientes de las comunidades aborígenes mayas. El 44% de su población son indígenas y el 56% mestizos. El símbolo de esta comunidad es la premio Nobel de Paz, Rigoberta Menchú. Ella representa el respeto, la rebelión y la búsqueda de las prácticas de la administración de lo público con los valores y principios ancestrales. Tal vez sea esta la razón por la que Guatemala ha encontrado la salida más audaz para deponer y llevar a la cárcel para que se investigue y castigue los casos deplorables de corrupción ejercida por jefes de Estado. Si las denuncias y las investigaciones sucedieran en Colombia, se estaría defendiendo a los imputados por faltar a la dignidad de las personas y las instituciones. Cuando se denuncia a los jefes de Estado o altos funcionarios públicos se considera una falta a la dignidad del Estado y a las personas, como si estos fueran inmunes y no estuvieran expuestos a los excesos. De ahí que en la mayoría de los casos en Colombia han terminado implicados los subalternos y nunca el jefe.
Los guatemaltecos han entendido que la corrupción no solo es una expresión del exceso de poder que asume este delito como parte de las prácticas de la gobernabilidad, que hay que castigar así el imputado sea el jefe de Estado; sino que los dineros y recursos usurpados impiden que muchos ciudadanos mejoren su calidad de vida. Lo que han experimentado otros países en su lucha contra la corrupción que se llama dignidad, es lo que nos hace falta a los colombianos, lastimosamente la hemos perdido. Para recuperarla deberíamos volver a los ancestros, a los próceres y defensores de la soberanía colombiana desde las culturas aborígenes hasta el siglo XX. Nuestra sociedad cambio los héroes y los ejemplos a seguir en las pasadas y presentes generaciones, los defensores de la dignidad, de los valores, principios, del pensamiento crítico por lo traquetos, mafiosos, corruptos, los que se enriquecen de la noche a la mañana, apropiándose del dinero de las entidades públicas y privadas.
Ojalá estos ejemplos logren generar conciencia del papel que deben jugar las organizaciones de la sociedad civil en la defensa de la dignidad de las naciones latinoamericanas.
