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Opinión/ Creado el: 2015-08-25 12:22

Huila, Territorio Solidario: Avances del Censo Nacional Agropecuario

Por Israel Silva Guarnizo

Escrito por: Redacción Diario del Huila | agosto 25 de 2015

Los resultados hasta ahora de los avances del Censo Agropecuario ratifican la realidad                         colombiana en materia rural. No son nuevos los datos, cifras y análisis publicados por el DANE en uso y cobertura del suelo, tamaño de las unidades agrícolas,  competitividad, vivienda, educación, recursos ambientales, pobreza y condiciones de vida en el campo, características del jefe del hogar, cuidado de los niños y factores y sustentabilidad de producción. En algunos indicadores se muestra la  disminución de las brechas comparándolas con el último censo realizado y en otros las condiciones son bien críticas.

El Censo como instrumento para el diseño de política pública en el país y las regiones es un buen diagnóstico, aunque se debe además de las cifras, tener voluntad del Gobierno para transformar esa realidad, de lo contrario pasaran otros años y seguiremos lamentando la situación.

Un aspecto a tener en cuenta en este informe es el nivel de desarticulación que en materia rural ha existido. Han predominado políticas asistencialistas, pobre asistencia técnica, proliferación de la violencia en el campo, auge del paramilitarismo en alianza con productores de cultivos ilícitos, todos esos fenómenos sustentados con un cierto proteccionismo sobre todo para los grandes exportadores. Esas políticas duraron  hasta  1991, fecha en la cual fue  aprobada la última Constitución Colombiana. Con ella se inauguró el inicio de los tratados comerciales entre Colombia, los Estados y los bloques económicos. Desde esa época se nos vendió la tesis que el sector rural e industrial         mejorarían sus ofertas y se desarrollarían tanto, que los niveles de crecimiento serían suficientes para que la economía colombiana estuviera entre  las más sobresalientes de la región y en relación con los países emergentes.

Nada de lo prometido salió como se esperaba y las razones de peso eran tan grandes para tener resultados adversos, que hoy veinticinco años después, hasta los propios industriales que representan una buena parte de la producción nacional están clamando ahora un cambio en las políticas macroeconómicas, de lo contrario la ralentización de la economía tendrá efectos nocivos sobre las tasas de crecimiento. No me referiré frente a lo que sucede con la economía rural, donde pasamos de ser exportadores netos de varios productos,  a ser importadores, en detrimento de la producción nacional. Pretender que el mercado regule todo, manteniendo el equilibrio y la equidad, no es posible por el desarrollo científico, tecnológico y las políticas de subsidio que mantiene la producción      rural en las naciones del primer mundo. La competencia de nuestra débil economía rural y la mínima apropiación de recursos del Estado Colombiano contrastan con las grandes inversiones en infraestructura vial, distritos de riego, bajo costo en energía eléctrica, combustible, peajes, mayor investigación tecnológica y la gran capacidad de asociatividad en empresas cooperativas, entre otros factores, son los que permiten su alto nivel de competitividad con los cuales es difícil competir. 

Para estimular y promover la producción nacional de tiene que recuperar la seguridad y soberanía alimentaria. La  miseria, la pobreza y desnutrición de las familias han pasado de la ciudad al propio territorio rural. Recuperar el uso de semillas nativas para productos que antes eran de propiedad de campesinos y ahora de las grandes multinacionales, quienes se dan el lujo de controlar e impedir su uso.