sábado, 11 de julio de 2026
Opinión/ Creado el: 2017-03-01 09:04

Honra y virtud

Orlando Parga

Escrito por: Orlando Parga Rivas
 | marzo 01 de 2017

La cantidad de escándalos de corrupción que en Colombia se suceden unos a otros sin parar, me hace recordar los consejos de Don Quijote a Sancho Panza para ser un buen gobernador en la ínsula de Barataria, en la magistral obra de Miguel de Cervantes Saavedra.

Esta lista obligatoria a modo de código de conducta para ser buen mandatario es una oda a todo lo que engloba el concepto de honradez. Y es que entre las lúcidas alucinaciones de Don Quijote y la humilde sabiduría de Sancho se pueden encontrar los pasos que deben dar quienes asuman la conducción de un pueblo, la administración de una empresa o el liderazgo de un proyecto.

El temor a Dios, la prudencia, autoconocimiento o autoreconocimiento, humildad, virtud, compasión, caridad y sentido de justicia, aplomo y austeridad, engloban el concepto de honra, a mesura y el accionar, son sin duda pautas que si las aplicamos estrictamente contribuiremos a construir una sociedad más justa, fraternal, reconciliada y en paz.

El Ingenioso Hidalgo comienza por aconsejar a Sancho que ha de "temer a Dios" porque en ello "está la sabiduría y siendo sabio no podrás errar en nada".

Así mismo, propone un equilibrio entre el ser y el parecer. El parecer lo configura cada uno de los pasos para encarnar a un ser (gobernante, jefe, líder) mesurado y discreto. De ahí la segunda exhortación: "has de poner los ojos en quien eres, procurando conocerte a ti mismo, que es el más difícil conocimiento que puede imaginarse. Del conocerte saldrá el no hincharte como la rana que quiso igualarse con el buey."

Se trata aquí de hacer un examen de conciencia y explorar dentro de nosotros mismos nuestras virtudes y que jamás neguemos nuestro origen al asumir el poder. Una lección de humildad, de prudencia y más que nada de sabiduría, que es el principal punto a la hora de tomar decisiones.

Y continúa el Quijote: "Has gala Sancho, de la humildad de tu linaje, y no te desprecies de decir que vienes de labradores y préciate más de ser humilde virtuoso que pecador soberbio. Mira Sancho, si tomas por medio a la virtud y te precias de hacer hechos virtuosos, no hay para qué tener envidia a príncipes y señores, porque la sangre se hereda pero la virtud vale por sí sola, lo que la sangre no vale. Hallen en ti más compasión las lágrimas del pobre pero no más justicia que las informaciones del rico; procura descubrir la verdad por entre las promesas y dádivas del rico como por entre los sollozos e importunidades del rico. Si acaso doblares la vara de la justicia, no sea con el peso de la dádiva sino con el de la misericordia.

Hasta aquí, se representa la honra entre el reconocimiento de las raíces, el respeto de la identidad y sobre todo la autoestima; es decir, no sentirnos menos ante los poderosos sino sabernos valorar por lo que somos. Pero también es una invitación a hacer siempre lo correcto, guiados por la compasión y la caridad, sin deponer nuestros principios, valores y virtudes por la ambición del dinero y el poder.

"Anda despacio, habla con reposo, pero no de manera que parezcas que te escuchas a ti mismo, que toda aceptación es mala; come poco y cena más poco, que la salud de todo el cuerpo se fragua en la oficina del estómago.

"Si estos preceptos y estás reglas sigues, Sancho, serán luengos tus días, tu fama será eterna, vivirás en paz y beneplácito de las gentes y en los últimos pasos de la vida te alcanzará el de la muerte en vejez suave y madura."

La honra y la virtud se construyen con un cúmulo de experiencias a modo de un cambio en proceso. Esto significa que cada paso debemos darlo en nombre de honrar nuestros orígenes, no negarlos. Al asumir un cargo importante o conquistar una meta alta, jamás debemos negarnos, sino más bien demostrar que mientras más humildes seamos, seremos mucho más sabios; sin importar el linaje ni la sangre. Nuestras acciones siempre deben estar dirigidas por nuestra propia experiencia y reconocimiento.

Finalmente esto último es lo que nos llevará a la posteridad.