Hincha
El “hincha pelotas” hizo su trabajo y desde la línea lateral aprovecho la cercanía a los jugadores de su club y empezó a alentarlos.
Había hinchado tres balones, era el año de 1900 y ya en Buenos Aires entonces se reconocía al hincha como el asistente seguidor que alentaba sin cesar y sin perder la sensatez.
Brasil 2014 ha traído muchos seguidores al fútbol, pocos hinchas y una descomunal mancha de fanáticos. Estos últimos son los responsables del desorden y el vandalismo porque no interpretan el fútbol sino la perversa emoción de causar desorden, es obvio que jamás jugaron en un potrero, nunca estuvieron en un estadio, no comprenden el juego y recitan la mediocre información mediatica. Si bien se hace uso de la mejor tecnología los contenidos informáticos de algunos medios resultan sin sentido y conducen al despreciable fanatismo.
Los hinchas aprendieron a disfrutar y a asumir cada momento del fútbol como un concierto musical o una cinta de cine. El fútbol generó pasiones al alcance de sus bolsillos y la televisión ahora los pone en la gradería sin riesgos con la emoción serena de estar derrotando al mundo entero.
Pasaron hasta hoy tres partidos del seleccionado patrio y faltaran cuatro más para ser campeones y vivir la euforia por unas semanas. Todo se va tan rápido como llega, unos tendrán la posibilidad de vivirlo en el estadio, otros desde casa o la calle, el mundo volteará sobre el país, cada programa de gobierno tendrá el estandarte de la selección, las grandes marcas reñirán su imagen, las fundaciones reclamaran a gratuidad y cada pase tomará cifras astronómicas… y el país con sus hinchas disfrutando por el resto de sus días y con sus fanáticos en desmanes, sindicados sin visa y todo el resto de la masa humana generando pasiones que no necesitan justificación.
El mundial no hará bajar la exigencia narco-guerrillera, ni terminará la corrupción y menos hará justicia, o desaparecerá la pobreza, no será la justificación para la irresponsabilidad de Santos que propondrá mayores impuestos dedicados a programas deportivos y recreativos que el gobierno nunca dio y hoy exigirá aprovechando la euforia de la victoria. El hincha será el único seguidor ecuánime, de una realidad momentánea, cualquiera que ella sea.
