Hernando Borrero Ceballos
Por Julio Cesar Triana Quintero
La muerte siempre trae dolor y tristeza, pero cuando esta toca la puerta de personas como Hernando Borrero, se suma la desolación de perder un gran ser humano, un gran esposo y un gran padre de familia. Quienes tuvimos el honor de conocer a este gran empresario, podemos afirmar que era sinónimo de humildad y modestia, su inteligencia para los negocios y su capacidad para materializar cada sueño que emprendía, lo fueron convirtiendo en un ejemplo digno de seguir por las presentes y venideras generaciones que tienen como meta construir empresa.
Fueron cinco décadas de lucha empresarial, tiempo en el que Hernando fue un protagonista del progreso de nuestra región demostrando que los huilenses tienen sangre emprendedora y que el requisito para triunfar es tener visión y persistencia. Estoy seguro que su esposa Olga, reconocida por su liderazgo y capacidad de trabajo, al igual que sus hijos Diana, Camilo, German y Luis Hernando, tienen como principal misión en su vida mantener el rumbo de esa bella empresa fundada por este gran hombre, quien hacía del éxito un factor de inspiración para seguir soñando.
El espíritu de lucha que caracterizó a este gran empresario, lo encamino siempre a materializar sus objetivos y metas, su energía, confianza y optimismo le permitía no asustarse por las dificultades propias que impone la realidad de nuestro país y nuestra región y, lejos de la vanidad, y el orgullo que puede generar el simple hecho de ser el propietario de una empresa pionera en la generación de empleo y en la prestación de un servicio de primera necesidad y, como pocas veces suele ocurrir, en esta patria llena de arrogancia por quienes construyen empresa, la familia Borrero ha posicionado una marca de la que debemos sentirnos orgullosos los opitas, Las Brisas, sinónimo de emprendimiento huilense y resultado de la lucha y la dedicación de un hombre que nos abandonó, pero que como todo gran hombre, dejó un legado imborrable.
Hoy, siete días después de que Hernando partiera para el cielo, donde debe llevar largas horas de conversación con su padre don Miguel Borrero, la hacienda la Manuela, los sueños que quedaron por cumplir y los proyectos emprendidos deben ser algunos de los temas abordados por padre e hijo quienes por voluntad de Dios se han vuelto a reunir.
