Hacer Desarrollo Sostenible
En diversas columnas de opinión, como esta, y con ocasión de la reciente modificación del régimen de la Licencia Ambiental, hemos visto que se han vuelto a poner sobre la mesa las posiciones encontradas alrededor de la problemática ambiental.
Las extremas de la conservación a raja tabla y de la depredación en favor de la economía rampante, y la intermedia del Desarrollo Sostenible.
Y como esta última fie la escogida por los constituyentes de 1991, relegando un poco el debate entre los extremos, le han surgido dos posiciones, la que por un lado en Colombia defiende el profesor Manuel Rodríguez Becerra, ex ministro de ambiente, y que mejor se expresa en su columna habitual de un diario de circulación nacional y por otra, la que defiende en el mismo medio escrito Guillermo Perry Rubio, ex ministro de hacienda.
Rodríguez Becerra hace poco quiso argumentar, y la verdad con mucha razón, que en Colombia se está llamando “ambientalista radical” a todo el que se quiera descalificar por oponerse a los intentos gubernamentales de flexibilizar los requisitos, los procedimientos o causales de licencia ambiental previa.
Perry Rubio, por su parte, hizo luego un excelente escrito para poner en contexto que si se desean estadios de progreso ideales en nuestro país, vamos a tener que sincerarnos con el tipo de desarrollo que escogemos y la organización estatal que lo haga posible. Recuerda por cierto que él hizo parte de la comisión relatora del Artículo 80 de la Constitución.
Este es el debate que el país debe dar en materia ambiental. Definir el camino, la concepción, la filosofía que debe guiar las acciones de todas las autoridades ambientales, sean entidades especializadas o entidades territoriales con atribuciones ambientales. Y urge. Porque ni más ni menos ahí está en juego nuestro futuro.
El Desarrollo Sostenible implica pensar en el ser humano primero y su dignidad, luego en el ambiente. Por ello los ambientalistas de veras deben ser los adalides de todas las campañas por el control demográfico, por los límites a las concepciones irresponsables y al equilibrio de los deberes con los derechos (fíjense: primeros los deberes).
Toda actividad humana implica un impacto ambiental. Ineludible. Pero manejable a punta de compensaciones o correcciones. Así que los esfuerzos están en investigar mucho sobre cómo evitamos, cómo disminuimos, cómo corregimos o cómo compensamos los impactos. Para que las actividades antrópicas puedan aumentar en favor de más progreso y crecimiento económico. Claro, por supuesto, con mayor equidad y reciprocidad. Primero los deberes y luego los derechos.
