Héctor Polanía Sánchez (II)
Jorge Eliseo Cabrera Caidedo
El 9 de octubre de 1985, dentro de la citación que se hizo al Ministro de Gobierno Jaime Castro Castro para que “fije la posición del ejecutivo en relación con los actos de violencia que perturban el proceso electoral en varios regiones y para que diga cuales son las garantías que está en capacidad de ofrecer a los partidos para que dicho proceso electoral se cumpla normalmente”, el Senador Héctor Polanía Sánchez hizo una emotiva y valerosa exposición sobre la crítica situación del orden público en el Departamento del Huila, la cual fue calificada por el Senador Hugo Escobar Sierra como de “vibrante valor civil y resonante voz acusatoria”.
Criticó severamente el incumplimiento de la “tregua” entre las FARC y el Ejército Colombiano y manifestó que esta equivale a reconocerle a las agrupaciones alzadas en armas un status que no tienen en virtud a que la verdadera tregua es la suspensión de hostilidades entre dos Estados o ejércitos en guerra. Predijo que las FARC buscaban así obtener el reconocimiento como un ejército enfrentado al ejército constitucional de la República, con todas las implicaciones jurídicas y políticas en lo interno y en el ámbito internacional, como en efecto está sucediendo en la actualidad. “Sólo falta que pidan ingreso al escalafón militar y sueldo de retiro”, dijo categóricamente.
Dijo igualmente, al denunciar los secuestros, extorciones y asesinatos en el Huila que no lo hacía en representación del Partido Conservador, sino representando “la política de mi conciencia”. Señaló que del año 1978 hasta ese momento, habían sido asesinadas 726 personas, 514 a partir de 1982. Durante el periodo de “tregua” se habían cometido 27 secuestros. Recordó cómo en la reunión de Casa Verde, ante sus reclamos por los incumplimientos de la tregua por algunos de sus integrantes, Manuel Marulanda le respondió: “es que es muy duro tener que denunciar a compañeros de lucha”, ante lo cual le replicó que un auténtico líder tenía que sobreponerse a esa clase de sentimientos, como lo solía decir Napoleón Bonaparte: “la política no tiene corazón”. Se le prometió una “investigación exhaustiva”, la cual nunca culminó.
Denunció también el proselitismo armado, como lo habían hecho con anterioridad los gremios organizados del Departamento, el Obispo de Garzón Ramón Mantilla y el Gobernador Héctor Afanador Cabrera. Destacó las etapas del proselitismo armado. En primer lugar, crean el terror para “resultar convincentes”. Una segunda etapa de elaboración del censo de la población, realizado por patrullas armadas de casa en casa. Posteriormente, empiezan a citar a reuniones obligatorias, a las cuales llegan los expositores o conferencistas sin armas, pero merodean grupos armados por los alrededores. Finalmente, se constituyen comités de obligatoria aceptación.
Por lo anterior, el Senador Polanía manifestó que la única manera de impedir el proselitismo armado era con la entrega de las armas, con el desarme. Finalizó su intervención así: “es una falacia y es una argucia del comunismo decir que quienes criticamos algunos aspectos del proceso de paz o denunciamos crímenes como los aquí mencionados somos enemigos de la paz. Los enemigos de la paz son los que le han declarado la guerra a las instituciones”.
