sábado, 11 de julio de 2026
Opinión/ Creado el: 2017-03-22 08:58

Gracias por ser desprendido

Orlando Parga

Escrito por: Orlando Parga Rivas
 | marzo 22 de 2017

Muy pocas personas en la tierra tienen y aplican el valor del desprendimiento. Al hombre moderno sumido en su egoísmo, avaricia y codicia, le parece más conveniente el interés individual, particular y privado,  que el común, el general, el comunitario y hacer el bien al prójimo de forma desinteresada.

El reto al que nos llama la sociedad hedonista actual es pues salir de sí mismos y correr al encuentro del prójimo, de nuestro hermano. Y salir significar emerger de nuestro materialismo y atender las necesidades de quien está a mi lado con todo tipo de carencias materiales, emocionales y espirituales. De modo que si usted tiene talentos póngalos al servicio de la comunidad porque de nada sirve tener mil capacidades si no las ponemos en práctica aportando, socorriendo o ayudando a quienes nos rodean.

El voluntariado es darse uno mismo con las capacidades que se tengan, muchas o pocas, porque Dios nos dio los talentos para que los pusiéramos al servicio de los demás.  Colombia hoy más que nunca debe buscar un nuevo referente a la generosidad, al desinterés y liberalidad con las que en el pasado se libró la propiedad en el país.  Hoy más que nunca desde el Presidente de la República suplica que debemos borrar lo oscuro, la forma abusiva, ilegal, violenta e injusta como la que muchos campesinos fueron despojados o debieron entregar sus terrenos.

Debemos apoyar al mandatario en su convocatoria e invocar a la generosidad y esplendidez para hacer cosas realmente valiosas que restauren la paz pública y la alegría en el país.  Hace más de 40 años esta idea nos la proponía el Padre Rafael García-Herreros, cuando nos señalaba que todos debemos ser capaces de producir un profundo cambio y poner en prueba la posibilidad de restaurar la paz del país, sin derramar una gota de sangre.

Ahora más que nunca el país debe actuar en forma desapegada y desprendida, esa es la salida a la felicidad.  Desprenderse es no apegarse. Ingresemos por la puerta del Ser más no del tener. El país lo está invitando a saber usar esos talentos y las cosas que tiene para el beneficio común y el de las demás personas.

La democracia se construye entre todos: con la generosidad de los banqueros que no buscan la usura, los industriales siendo altruistas, los patronos pagando salarios dignos o justos a sus empleados, los poderosos volviéndose filántropos, los artistas actuando en forma desinteresada y todos ayudándonos entre sí en búsqueda de la esplendidez.

El Padre Rafael García-Herreros lo suplicaba hace más de 30 años, que se desate una gran corriente de generosidad, que se conmueva el país ante la extrema pobreza y miseria de muchos de nuestros compatriotas. Ser pobre, no tener casi nada, tener un ranchito mísero, tener tres o cuatro niños desnutridos, sin escuela, sin porvenir; ser pobre, mirar en silencio los carros de los ricos sin envidia, pero con cierta pesadumbre; ver que ellos tienen de todo, saber que tienen muy buena alimentación, saber que tienen muy buen pan, que tienen salsas, que tienen distintas clases de carnes, que tienen vestidos… y el pobre no tiene nada, un vestido raído, un vestido que tiene ya tres o cuatro años y que ya no aguanta más remiendos.

Me viene a la mente una película titulada en español "Cadena de favores", en la que un profesor de secundaria establece a sus alumnos como tarea principal del curso "dar una idea para cambiar al mundo y ponerla en práctica". Uno de los estudiantes le pregunta: qué hace él para cambiar al mundo?, a lo que responde que su práctica es dar algo que él tiene y que los otros no pueden hacer por sí mismos, como aprender las ciencias sociales. Entonces, su alumno se idea la cadena de favores, en la que él les hace un favor a tres personas que no puedan hacer por sí mismos, y que cada una de ellas haga lo mismo con otras tres, y así sucesivamente.

Así pues, empecemos una interminable cadena de favores, en la que los beneficiarios de una buena acción deben pagar a los otros con un favor en lugar de hacerlo al benefactor original, hasta que todos nos estemos sirviendo entre sí y logremos cambiar el mundo para bien.