Gobierno mendicante
Amadeo González Triviño
Los hechos políticos sociales y económicos generados con ocasión de la avalancha de los ríos y corrientes de agua en la ciudad capital del Departamento del Putumayo, Mocoa, nos llevan a comprender y entender de la mejor manera, que nuestro Gobierno Nacional y los gobiernos locales, están conformados por funcionarios ineptos, incompetentes y por qué no, funcionarios públicos mendicantes de la caridad ciudadana.
No es que podamos en determinado momento pensar que los fenómenos de la naturaleza lo son por ser imprevisibles o son fruto del acaso, y del destino de los hombres. O que todo sea parte de circunstancias que no tengan una explicación lógica y que no se pueda preparar a los habitantes de una región o alertar para saber enfrentar dichos hechos, para todo aquello que como consecuencia de la explotación del hombre sobre la tierra, sobrevengan en determinado momento. Tampoco lo es, que ante la magnitud de tales tragedias se deba renegar de la condición cristiana o religiosa, para amparados en falsas doctrinas, culpar a un Dios de los males que se sufren en la tierra o que puedan servir de medio para doblar la cerviz y entregarnos a una oración antes de la muerte.
Pero ante el hecho evidente de lo que todos conocemos, es cuando un Gobierno cimentado sobre la falsedad, el engaño y la mentira, tiene que convocar a una solidaridad que va más allá, de la responsabilidad que le corresponde al gobierno mismo, cuando no existe autoridad política y administrativa, capaz de direccionar la organización y el control del crecimiento poblacional o bien de lo que es el abuso de la naturaleza con expansiones y construcciones autorizadas o que sin el lleno de los requisitos de ley, puedan permitirse o avalarse por compromisos políticos o por desidia de la misma administración.
Y es cuando los gobernados se acostumbran entonces a la generosidad del gobernante, cuando se estructura la organización social sobre la dádiva, la cual no es rentable, sino en la mermelada, en la corrupción, en la prebenda y en la forma de contratación pública, donde los recursos que deben ser direccionados hacia las comunidades, se pierde entre la ambición y el ejercicio del poder del gobernante de turno.
Es triste que un Gobierno como el nuestro, solo reconozca la necesidad de sus poblaciones, de sus gentes, cuando suceden tragedias, cuando se presentan hechos lamentables que cobran vidas en forma aterradora, como ha sucedido en todo el curso de nuestra nación, y lo más triste es saber que todos esos recursos y bienes que se recolectan y se reciben en donación, muchos se pierden, se pudren, se dañan o se los roban, como ha sucedido y viene sucediendo en nuestra patria.
Los colombianos no hemos aprendido la lección. Nuestros gobernantes a quienes reelegimos año tras año, a quienes apoyamos con el silencio cómplice, se ha encargado de crear una sociedad impotente, que solo vive de la generosidad del potentado o que en momentos de angustia, solo aspira a recibir auxilios, donativos o al menos, promesas de que se ha de desarrollar los programas de inversión estatal, hacia la satisfacción de las necesidades primarias de sus comunidades.
Cuándo entenderemos que la planeación y la administración de los recursos y de los centros poblados, al igual que la explotación indiscriminada, arbitraria e ilegal de los recursos de la naturaleza, son parte de un andamiaje que nunca se ha direccionado hacia el beneficio y aprovechamiento de la población y que por el contrario, solo ha servido para desconocer la participación ciudadana, cuando ésta, se moviliza en defensa de su territorio?
Somos una sociedad en crisis, restamos regentados por gobiernos ineptos que no procuran en lo más mínimo, la satisfacción de las necesidades primarias de sus habitantes. Somos víctimas del acaso y de hechos predecibles que nosotros mismos hemos generado, por desidia y abandono de nuestras autoridades, pero seguimos convencidos de que tenemos los mejores gobernantes del mundo y que tenemos que creer en ellos y reelegirlos hasta nuestra muerte, por siempre y hasta siempre. Es hora de despertar.
