viernes, 03 de abril de 2026
Opinión/ Creado el: 2014-07-24 08:09

Garzón y su alcalde desastroso

Por desgracia, que le costará más años de atraso, los garzoneños eligieron a Delio González Carvajal como su alcalde. Y si no lo retiran pronto, le habrá causado a su municipio el más grave de los daños en su historia.

Escrito por: Redacción Diario del Huila | julio 24 de 2014

Por lo pronto, ya le costó la curul a Carlos Ramiro Chávarro, quien obtuvo una precaria votación en lo que antes era su fuerte, el de Gómez Hermida y el de “Integración conservadora”.

Los votantes le hicieron saber su rechazo al apoyo que le siguen manteniendo a este sujeto que pasó de la pobreza a la ostentación, de la imagen falsa de campesino bien intencionado al descaro del bribón.

Cuando varios concejales se amarraron frente a la alcaldía para protestar por los abusos del funcionario, pensé que se trataba del consabido forcejeo político para presionar burocracia o contratación. Hoy –después de haber averiguado más- encuentro el acto como un gesto desesperado de Osser Campos, Yanet Gutiérrez, Arley Alvarez y Jesús Páramo.

Otros concejales van y vienen según los regalos recibidos: Albeiro Manjarrez, Nubia Segura, Hernán Sánchez, Eder Luna, Octavio Martínez, Nelson Rojas Lima (el popular “ventarrón”) y Arismendy Mora (que no es el viejo y aguerrido jefe liberal huilense, exalcalde de Neiva, pero se parecen físicamente).

Integración conservadora ha mantenido de vieja data un evidente manejo burocrático de los llamados organismos de control y seguramente eso explica –pero no justifica- la indiferencia frente a los hechos evidentes de corrupción que se registran en el municipio.

González Carvajal se ha convertido en el más notorio negociante público, con los dineros y bienes del municipio, el cínico haragán que no se oculta para proseguir sus andanzas.

Antes de las elecciones, su escudo pudo ser –me imagino- el sectarismo conservador a favor de sus “patrones”, tan burdo que prometió cambiarle el color rojo a la camioneta del municipio. Y lo hizo, aunque no llegó al extremo de pintarla de azul. Se resignó por el negro.

Ante la procuraduría y las otras “ías” se han elevado quejas y denuncias, por el saqueo de los dineros destinados a ayudarle a los damnificados por un reciente y devastador invierno. Por el abandono total del parque recreacional Manila y el detrimento que implica para Garzón. Por enriquecimiento ilícito. Por la compra de un costoso vehículo a su hijo estudiante, caballos de paso fino, fincas y lotes para urbanización. Por decenas de contratos amañados y sospechosos.

Los periodistas locales se comportan –adulando o criticando, en ambos casos con virulencia- según la pauta publicitaria.

Y el grueso de los ciudadanos, entre tanto, padecen el horror de un alcalde que simulaba ser humilde y honrado y se transformó (o ya lo era) en un monstruo devorador de lo público, desvergonzado, caradura y despreciable.