Garzón, sin dios ni ley
Por Amadeo González Triviño
De un dicho que se repite sin cesar, terminamos por enfrenarnos a la dura realidad: “Garzón, hoy por hoy, es un pueblo sin Dios y sin Ley.”
Lo que pudo ser una ciudad señorial, enmarcado por el espíritu cristiano, por el respeto a la autoridad, por la fidelidad de sus tradiciones, por ser cuna de muchos hogares ejemplares y de familias destacadas, con el paso del tiempo y la pérdida de valores, está sumida en la más completa incertidumbre para su futuro y para el mañana de sus hijos.
La familia no deja de ser un sueño de otros tiempos, y los vicios y el tratamiento desigual en la sociedad, ha terminado por ser la fuente inagotable de todo aquello que lleva al derrumbamiento de la sociedad.
Las autoridades que se han sucedido entre los escándalos de administraciones que deben enfrentar procesos judiciales, y lo cual implica a los cuatro últimos Alcaldes, por el desbordamiento de su poder en el manejo de los recursos del Estado, no ha sido capaz de controlar, los burdeles públicos que se suceden a todo lo largo de sus vías, que por ministerio de la tolerancia y del irrespeto al otro, se han denominado zonas rosas, donde en las vías públicas, se expende licor y se ampara toda clase de atropellos al ciudadano y a la dignidad humana.
Y aquellas familias permisivas, han terminado por generar que sus hijos a altas horas de la noche, se ubiquen sobre la avenida circunvalar o en los espacios de alta circulación peatonal, para la práctica de un automovilismo irresponsable, con piques y pequeñas carreras improvisadas que terminan atropellando y acabando con la vida de los motociclistas mismos y de los peatones.
Cuando algún agente de policía o un guarda de tránsito participa de un operativo para evitar estos acontecimientos, son los padres de familia, los que se arman de garrotes para contraponerse a lo que queda de esa autoridad que a ratos, hace presencia en las vías públicas, pues sus hijos, que son a su vez, sus cómplices, pretenden la burla de la ley y el atropello a sus operadores.
A grandes rasgos, tenemos que sumarle el hecho de que muchos garzoneños, no pueden circular por sus calles en horas de la noche, porque se exponen a la delincuencia común, al raponero y a todos aquellos que ejercen su poder y su control bajo la luz de las sombras y arropados por el silencio y la falta de solidaridad que reina como en el imperio del crimen que nos ha tocado experimentar y vivir, en un pueblo que otrora pudo ser un paraíso de paz y alegrías y que ha sido el refugio de nuestros últimos años.
