viernes, 03 de abril de 2026
Opinión/ Creado el: 2014-07-08 08:18

Ganamos, perdimos, igual nos divertimos

Resultados como el cuatro - cuatro en el Mundial de 1962 con la Unión Soviética en Arica, con gol olímpico incluido;

Escrito por: Redacción Diario del Huila | julio 08 de 2014

el túnel que realizó Rincón en el mundial de Italia de 1990 al portero alemán y que se convirtió en el gol de la esperanza; y el cinco - cero contra Argentina en el estadio monumental de River, los celebramos los colombianos con mucha euforia, pero también con bastante sorpresa, pues la verdad, no esperábamos tanto. Pero lo logrado por el equipo patrio en el mundial de Brasil, se veía venir porque desde que fueron convocados ya demostraban disciplina, garra, clase, diversión y fantasía.  

En cualquier deporte de grupo como el baloncesto o el balón mano, por lo general gana el mejor equipo, lo que no ocurre en el balón pie donde sale vencedor el que anota los goles o sabe evitar que se los hagan. Por eso, las finales no se juegan: se ganan.

Vimos malos equipos con excelentes jugadores y pocos tan parejos como el nuestro. De algunos podemos decir que fueron la decepción, como España; la gran sorpresa, como Costa Rica; la ardentía, como México; y el deslucimiento, como Brasil. Pero pundonor, alegría y encanto, todo junto, lo vimos en nuestro combinado nacional. 

Pero no todo es fútbol ni es el único deporte que puede despertarnos el nacionalismo y la fiesta. Por eso, después de gritar a una sola voz ¡Gracias,  mi selección!, hemos de saber que tenemos muchos más motivos y figuras para celebrar, palpitar de patria y sacar los banderines, ponernos mascarillas y disfraces, sonar cornetas o hacer composiciones y bailes. Basta citar dos hazañas que en esta semana protagonizaron Catherine Ibargüen en la Liga de Diamante, en Suiza, al igualar su mejor marca de 14,87 metros en salto triple y Juan Pablo Montoya que triunfó en la válida 11 de la Indy Car, en Pocona, Pensilvania (Estados Unidos).

Pero Colombia, más que pasión, debe ser razón, porque solemos ser excesivamente emotivos y vivir estas efervescencias futboleras tan arrebatadas como pasajeras, que de todas maneras reconfortan. Por eso, toca volver a los quehaceres para “sudar la camiseta” sin “hacerle el quite” al deber y no quedar  “fuera de lugar” en nuestros compromisos. Hay que “jugarle limpio” al país y a esta democracia que sigue siendo tan golpeada por las zancadillas de la corrupción, el narcotráfico y la politiquería.  

No clasificamos para la final. No importa, como dice cierta canción: “Ganamos, perdimos, igual nos divertimos”.