GABO Y EL INFIERNO
La muerte del colombiano más universal que todo el mundo lamenta
Por el enorme aporte de su obra para quien fuera considerado como el escritor de habla hispana más emblemático después de Cervantes, que es mucho decir, nos sirve no para hablar de su legado sobre el cual se han escrito y se escribirán ríos de tinta, sino de la ruindad de uno de sus coterráneos, para más señas una anodina y resentida uribista, para desgracia nacional recientemente elegida representante a la Cámara por el Centro Democrático, María Fernanda Cabal, quien en lugar de lamentar como todos la muerte de nuestro ícono mundial, se regocija con ella, deseándole que muy pronto se reúna en el infierno con Fidel Castro.
Pues bien: ha de saber la representante de la extrema derecha que no le perdona a García Márquez sus ideas de izquierda y su solidaridad con las causas sociales más justas, que nuestro inmenso escritor no puede ir a parar contrario a su deseo al infierno en que creen los asesinos paramilitares refundadores de la patria en nombre del dios de los extremistas, pues él vivió en el mismísimo infierno que es nuestro país por los desmanes de estos criminales que representan personajes como la Cabal, que destilan odio y resentimiento por quienes profesan ideas de reivindicación social como el fallecido nobel de literatura, quien describiera en unas notas de prensa, el infierno del Magdalena Medio en 1983 que tituló ¿En qué país morimos?, peor que el describen los fanáticos religiosos y al que muy pocos le temen sabedores de su inexistencia.
Decía Gabo sobre el infierno verdadero que ha sido nuestro país y al cual no podrá ir después de muerto: “El periodista Germán Santamaría nos ha puesto a los colombianos frente a frente sobre el pavor de nuestro propio fantasma. En dos artículos abrumadores que publicó la semana pasada El Tiempo, los distraídos habitantes de las ciudades hemos comprendido que el infierno no está más allá de la muerte –como nos lo enseñaron en el catecismo-, sino a solo cuatro horas por carretera de los cumpleaños de corbata negra y los torneos retóricos y las fiestas de bodas medievales de las sabanas de Bogotá. Está en el corazón de Colombia, en un vasto atardecer que conocemos como el Magdalena Medio, donde las tierras son feraces y las aguas generosas, y donde las injusticias son inmensas y seculares.
Santamaría ha dicho en sus artículos que por el río Magdalena bajan los cadáveres podridos con los gallinazos encima, y que las autoridades de la ribera han decidido no recogerlos por su abundancia y su mal estado. Ha contado que en la aldea de Santo Domingo fueron exterminados todos los hombres, y que sus viudas, con los niños, pasan las noches en los montes vecinos desveladas por el terror”. Ese fue el infierno que describió y vivió Gabo y no el que desea que vaya y el que aspira a seguir viviendo la representante Cabal y la extrema derecha aupando la violencia que es el auténtico infierno en que hemos vivido los colombianos.
