Gabinete y políticos
Amadeo González Triviño
No se equivocan los críticos del gobierno del Presidente Santos, cuando se advierte a las claras la forma como se ha orquestado todo un proceso para consolidar por un lado, la presencia de las personas menos afortunadas para componer el Gabinete Ministerial, como por el otro, la designación de la señora Clara López y del Abogado Jaramillo, en contravía de su reconocimiento de oposición al gobierno por parte de los partidos políticos a los que pertenecen o que han liderado en su oportunidad.
Es evidente que la política tradicional no respeta los espacios dentro de los cuales, cada uno lleva adelante sus programas o promociona su participación en la contienda de ideas y de proyección hacia alcanzar algún día, el reconocimiento de las comunidades, por cuanto, cada uno de sus dirigentes se muestran ajenos a la realidad social que los compromete y terminan cediendo a sus caprichos personales, renunciando a sus propios postulados ideológicos, sin tener en cuenta, su valor o su aporte en determinado momento a la causa que han liderado.
Pero esto no es solo de ahora, ha sido una constante histórica que se ha mantenido y que se evidencia paulatinamente con el paso del tiempo, cuando de formas de distribuir la mermelada se trata o cuando se busca la forma pagar los favores por la participación en la contienda electoral, que son muy extrañas en quienes tienen esa persistencia a la mentira o a la traición, pero que ahora parece que busca recompensarse con la adjudicación de tales ministerios.
El gabinete no tiene personajes para destacar y la proyección de lo que ha de ser la participación en lo que se ha denominado etapa de post conflicto, no deja de ser más que un sofisma de distracción, por cuanto ningún proceso histórico se podrá refrendar, cuando la clase política sigue bajo la dirección y la batuta de los mismos protagonistas que han hecho posible que se nos reconozca en uno de los destacados primeros lugares de corrupción en el mundo.
La corrupción y la paz, no pueden ir de la mano, la corrupción y la clase política tradicional que está en el poder y que lidera los procesos de conversación o de búsqueda de terminación del conflicto, no tienen posibilidades de proyectarnos caminos de esperanza posible.
Es necesario que un gabinete ministerial empiece por ser parte de personajes representativos y comprometidos con la sociedad en la solución de sus conflictos, que el Gobierno y el aparato legislativo desde sus propios órganos, procure y adelante una poda, una reingenieria del concepto de moral y de ética, y consiguientemente haga posible una especie de saneamiento interior, difícil de esperar, pero no imposible cuando se ponga de presente el interés de las comunidades, frente al interés particular que ha acabado con nuestras instituciones.
Colombia merece un futuro mejor. Colombia no tiene un gabinete de lujo en el Ministerio, que represente las comunidades y busque la solución al conflicto interno, y por tanto, no puede n i tiene los elementos de juicio para proyectar políticas de modificación o de solución a los problemas de convivencia que se presentan como la gran disyuntiva en un proceso de cambio y de revitalización social como los que se necesitan para salir de este periodo de crisis, de la unidad de cuidados intensivos en la que nos encontramos.
