Flagrancias, benignos y Galeón
Jaime Horta Díaz
Bandas de pequeños delitos pero peligrosos delincuentes (eso de pequeños es un decir) parecen apoderarse de las calles de las ciudades a lo largo y ancho del país. Para el ciudadano de a pie ese ilícito menor es posiblemente uno de los más graves de todos porque lo vive a diario, al salir o llegar a la casa, en el parque o incluso en los parqueaderos de los centros comerciales.
¿Qué hacer? Informaciones de prensa dan cuenta de individuos que presentan hasta 60 imputaciones por atracos o fleteos, es decir, son pocos pero rendidores. Las mismas versiones dan cuenta de que muy pronto son liberados por los motivos (escribí razones y borré la palabra), repito, por los motivos más inverosímiles. Un común denominador parece ser el error en la captura.
Pero no, las palabras cambian de significado y se ajustan a las nuevas tecnologías. ¿Cómo no hablar de flagrancia si el delincuente es atrapado por la Policía sin orden judicial en la huida o poco después, en su cueva, o si el delito queda grabado en una cámara de las tantas que han sembrado las autoridades para espiarnos o protegernos? Las cámaras vuelven permanentes los delitos como los periódicos de ahora
Benigno: la palabra benigno pierde su significado cuando se trata de un tumor en el cerebro. Claro, hay tumores malignos si se asocian al cáncer pero todos son de alto riesgo. La prueba es que el vicepresidente Germán Vargas sufrió un desmayo o convulsionó en público. Y perdería gradualmente sus funciones sin la oportuna intervención que también tiene su riesgo.
Galeón: si el Galeón San José llevaba joyas y tesoros que los conquistadores HABÍAN TRAÍDO de España que se los devuelvan. Es de justicia.
