Fidel Castro, líder profundamente equivocado
Jaime Salazar Díaz
Todos comentan que pasará a la historia. ¡ Obvio que pasará ¡ Pero el tema es: de qué manera? Lo cierto es que deja una patria dividida: una mitad en Cuba y la otra en el exilio. Con su megalomanía (delirio de grandeza) y su temperamento obsesivo intentó replicar su revolución en el resto del mundo en desarrollo, sobretodo América Latina y logró también dejarla dividida, aunque al final, vestido ya de sudadera y nó de comandante, trató de enmendar la plana con pocos resultados. A Colombia la sembró de guerrilleros y cosechó secuestradores y narcotraficantes con dolorosas excepciones como la de Camilo Torres y desde algún punto de vista parecido pero no similar, el Ché Guevara, ambos románticos pero eso sí, ingenuos. Fidel no era ingenuo pero sí equivocado. Más de ciento cincuenta años de historia hispanoamericana independiente han forjado cada país en un crisol diferente. Las circunstancias de la isla cubana en los cincuentas cuando Castro se enfrentó al corrupto dictador Fulgencio Batista no eran las mismas de Colombia. Aquí, en 1957, después de casi 100 años de vida republicana pactamos un Frente Nacional que daba una tregua de 16 años al violento enfrentamiento de los dos grandes partidos, el liberal y el conservador, para entrar luego de estos años al ejercicio pleno de la democracia que hemos vivido hasta el presente. Cuba logró su independencia de España casi 100 años después de la colombiana, con la colaboración “desinteresada” de los Estados Unidos, poderoso y desigual vecino que venía hacía unos años en un inatajable ímpetu expansionista. En estas circunstancias la autonomía real de Cuba era una utopía. Fidel tenía en ese momento motivaciones políticas muy claras: liberó a su patria no solamente de la ominosa y sucia dictadura del sargento Fulgencio Batista sino también de la tóxica influencia de poderosos hacendados y empresarios gringos y últimamente de mafiosos que tenían en la Habana su sitio de recreo. Hasta ahí muy bien. Pero a continuación, en vez de transar o negociar con los E.E.U.U. unas reglas claras políticas y económicas que garantizaran a la Isla su autonomía política valerosamente ganada a sangre y fuego en la gesta “revolucionaria” resolvió entregarse en los brazos del marxismo leninismo soviético, acabar con las libertades civiles, fusilar masivamente a quienes se le oponían, entre ellos a fieles compañeros, y encerrar en las cárceles cualquier asomo de discrepancia. De paso, confiscar propiedades y empobrecer por igual a toda la gente. Para completar se instauró y atornilló en la silla presidencial ¡50 años¡ negando de esta manera la libertad que lo había lanzado al estrellato. Hoy les hereda una monarquía en las manos de su hermano con las muy probables aspiraciones reales de los sobrinos. No es mucho entonces lo que Colombia tiene que agradecerle al anciano dictador: 50 años de atraso en infraestructura, nutrición, colegios, universidades, hospitales, etc. por haber tenido que dedicar gran parte del presupuesto y buena parte de las energías a contener la insurgencia armada y entrenada en Cuba. La hospitalidad de las últimas conversaciones es un arrepentimiento tardío del mal que nos hizo. Considero sí a Venezuela que le ha creído los cuentos a Fidel y a Raúl, ahora en cabeza del tonto gritón de Maduro y el avispado de Diosdado. Van camino del despeñadero ¡
