miércoles, 15 de julio de 2026
Opinión/ Creado el: 2015-09-06 01:24

Fernando, el sibarita de Macondo

GERMAN LIÉVANO R.

Escrito por: Redacción Diario del Huila | septiembre 06 de 2015

Siempre tuvo una sonrisa para sus amigos, un comentario afectuoso generado en una espléndida memoria, como también un comentario radical y a veces rudo cuando venía el debate ideológico o político.

Hacer una nota necrológica de un amigo siempre se convierte en un desafío porque el dolor de una despedida llena de brumas el recuerdo que se quiere evocar. Y hacer esta nota sobre un personaje de la talla de nuestro amigo Fernando Enrique Montes Durán es algo que se convierte en un difícil encargo. Pero lo que intentamos es realizar una semblanza de su figura humana con sus flaquezas y sus bondades, tal y como lo recordaremos siempre sus amigos. Hijo de una distinguida familia, criado en los mejores ambientes sociales de su tierra chica, “como que lustraba con sus rodillas las baldosas del Club Social” entonces símbolo de distinción y alcurnia de la provincia, estudió y sobresalió en los mejores colegios de Neiva y Bogotá, y logró con méritos el título de economista.

Contrajo nupcias con distinguida matrona ibaguereña y tuvo la fortuna de engendrar un hijo sobresaliente en todos sus desempeños. Catapultado por sus iniciales éxitos en el difícil mercado bancario, trascendió profesionalmente a los Estados Unidos y regresó a su tierra en pos del negocio de los seguros donde, sin duda, se distinguió por su profesionalismo. Pero hay en este momento algo que lo perturba sin confesarlo nunca, que lo comienza a desviar de su ruta vital, quizás también buscando refugio espiritual que nunca encontró, y se lanza en forma no consciente a lograr un paraíso fabulado, una quimera de desconocido origen o quizás, buscando una soñada musa que le diera arpegios de vida y luz a un poeta que nunca pudo componer ni entender que la vida transcurría por delante y por debajo de sus pies.

Es cuando se acoraza en sus amistades y se perfila como entrañable animador de cualesquiera reunión, con sus comentarios prolijos de sapiencia e ironía, pero siempre conservando como marco obligatorio la amistad y las buenas maneras. El cigarrillo en la boca y la copa en la mano se vuelven su icónica figura. En esta persistente actividad, comienza a desligarse de su entorno económico y familiar por cuanto su acentuada dipsomanía, que siempre se negó a aceptar, se refleja en pérdida de metas, propósitos y logros laborales.

Se inicia así una nueva etapa de su vida donde pareciera enquistarse en algún paisaje macondiano, sin dinero y casi sin trabajo pero con muchos amigos y compromisos sociales, sin perder nunca su altivez y elegancia, y así no tuviera modo de estrenar su figura siempre lució con pulcritud y elegancia y sus modales lo hacían un verdadero sibarita que a veces podía lucir en centros sociales y casas familiares como también en sórdidos ambientes de poco renombre. El cigarrillo era su compañero permanente y con él consumió sus mejores años. Impávido ante el inevitable camino de autodestrucción que lo conducía al destino fatal mezclando alcohol y tabaco, hacía siempre su rutina diaria con su desayuno frugal, su inevitable periódico y su inseparable compañía de amigos como ceremonioso ritual de vida.

Pero siempre tuvo una sonrisa para sus amigos, un comentario afectuoso generado en una espléndida memoria, como también un comentario radical y a veces rudo  cuando venía el debate ideológico o político. Por eso fue que se dio a su alrededor el nacimiento de la Tertulia de El Botalón. Por su poder de convocatoria. Por su pensamiento libre y abierto a todas las tendencias. Y por el manejo caballeroso y siempre fraterno con todos sus amigos. Al principio muy activo y luego desde la sombra generosa de un retiro prudente, fue compañero durante todos los 12 años de esta tertulia que se convirtió en centro de pensamiento y de opinión de nuestra comarca. Un homenaje justo a este librepensador que se perdió en el cosmos buscando una idílica ilusión será darle las gracias por habernos permitido conocerlo, haber disfrutado su amistad y haber compartido sueños y realizaciones. Gracias Fernando Enrique. Que nuestro Dios lo acoja en su seno. Tus amigos de El Botalón.