martes, 14 de julio de 2026
Opinión/ Creado el: 2015-11-01 08:19

Fenómeno de El Niño y seguridad alimentaria

German Alfonso López Daza

Escrito por: Redacción Diario del Huila | noviembre 01 de 2015

Derecho, Política y Sociedad

La Oficina de la ONU para la Coordinación de Asuntos Humanitarios (OCHA), puso esta semana las alertas sobre las graves consecuencias en materia de seguridad alimentaria que se empiezan a avizorar en muchos países africanos por cuenta del fenómeno meteorológico de El Niño.

En América Latina el impacto ha sido directo en países como Colombia donde el asunto se complica cada vez más. El fenómeno empieza a impactar la generación de energía eléctrica y la producción agrícola y pecuaria del país. Lo que inicialmente se preveía como un fenómeno de algunos meses, parece que lo tendremos más allá del 2016.

En este contexto, la agricultura juega un papel muy importante, no solo por su contribución como generador de gases de efecto invernadero sino como principal afectado por el cambio climático. Este sector debe adoptar medidas que permitan adaptarse a los riesgos y vulnerabilidades derivados del mismo. La gran mayoría de los modelos climáticos predicen reducciones de la productividad agrícola en más de un 50% en zonas secas como las que tenemos en el norte del Huila, lo que puede tener efectos dramáticos para los agricultores de subsistencia y para la producción de alimento a nuestras urbes.

Por lo anterior, se hace necesaria la adopción de nuevas prácticas en el sector agropecuario: uso de variedades locales tolerantes a la sequía, uso generalizado de materia orgánica de suelos con estiércol y abonos verdes, implementación de cultivos de cobertura que incrementen la capacidad de retención de la humedad, adopción de policultivos, cultivos intercalados y agroforestería, prevención de plagas, enfermedades e infestaciones de malezas, desarrollo y uso de variedades resistentes a las plagas, etc. Obviamente lo anterior está ligado a un estricto control del agua, el cual debe tener como prioridad el uso humano; pero esto obliga también a dejar de contaminar y arrojar aguas residuales y de cañerías, a la poca agua potable que queda.

Los Gobiernos nacional, departamental y local están en mora de adoptar políticas públicas agrarias reales e idóneas que enfrenten una realidad con la cual debemos aprender a convivir. (*Director Grupo Nuevas Visiones del Derecho – Universidad Surcolombiana)