Felio Andrade Manrique
Delimiro Moreno
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Hace hoy cinco años, el 14 de octubre de 2010, murió en Bogotá, a la edad de 84 años de edad, el notable abogado conservador Felio Andrade Manrique, inteligente y audaz líder de su partido, ministro de Estado, parlamentario, gobernador del Huila y notario, quien había nacido en la finca Beltrán del municipio de Tello, el 14 de septiembre de 1926.
Felio, así, simplemente, como todos lo conocíamos, era un hombre simpático a pesar de la rigidez de sus principios filosóficos, religiosos y políticos, sobre los cuales nunca transigió. Pero con él, desde orillas ideológicas bien opuestas, se podía dialogar, porque era respetuoso de las ideas de los demás. Tengo de él gratos recuerdos y por eso le rindo hoy este sincero homenaje, y reproduzco apartes de un reportaje que me concedió en 1994, en su apartamento bogotano, publicado en julio de ese año en este mismo DIARIO DEL HUILA, por la importancia histórica de lo revelado en él:
“Mi padre era un hombre sumamente pobre. Era hijo de un telegrafista, don Anselmo Andrade Charry, y una señora muy humilde de Altamira, doña Quiteria Díaz. Cuando el general Reyes gobernaba al país, el telegrafista era una especie de astronauta, un personaje mitológico porque entendía los signos y las señales del Morse y estaba enterado no solamente de las vicisitudes del pueblo sino que escuchaba lo que transmitían los otros telegrafistas del mundo. Don Anselmo era muy reyista y un día escuchó por su telegrafía que había habido un conato de golpe contra el general Reyes. Y como le gustaba tomar aguardientico (cuando yo era joven le heredé eso a él) salió a la tienda y tuvo un altercado serio con un señor antirreyista, quien murió como consecuencia del incidente. Mi abuelo, entonces, le contó por el telégrafo a su pariente y gran jefe conservador el doctor Arcadio Charry en Neiva lo que había pasado y Arcadio le dijo: "Váyase para el Caquetá". Y el hombre cogió a su mujer y sus hijos Caquetá abajo. Mi padre (Luis Ignacio Andrade), como estaba en ese momento enfermo del estómago se salvó de la odisea y se quedó en Altamira con una tía que se llamaba Teresa y se ganaba la vida haciendo muñecas de trapo. La tía Teresa se vino con mi padre para Neiva, a ponerse bajo la protección de los parientes, digamos que ricos. Y ahí comenzó sus estudios en la escuela pública. Para ayudarse en sus estudios ganando algunos cuartillos, pasaba ganado de un lado al otro por el paso de la barca en el Magdalena. Luego entró al Colegio Santa Librada y después fue dependiente del almacén de don Pompilio Paredes (el papá de Mario, Jaime, Juan y todos esos hombres importantes). Allí, en el Santa Librada, fue condiscípulo de Max Duque Gómez, tan pobre como él. El Dr. Max era de mi pueblo, de Tello, y mi abuelo era muy amigo de su padre. Y copartidario. Muy pobres. Los dos muchachos se ganaron sendas becas para el Colegio del Rosario. Y se vinieron con la benevolencia de los amigos comunes que les dieron el equipo para el viaje hasta Bogotá. El mono Duque se hizo médico. Mi padre no logró estudiar sino filosofía y letras. Estando en tales estudios, el Dr. Miguel Abadía Méndez, que era profesor de Derecho Constitucional en el Rosario lo nombró, al verlo tan pobre, escribiente de la Policía Nacional en Bogotá y allí estuvo hasta que el Dr. Arcadio Charry, quien era el "jeque" del Huila se lo llevó a Neiva como rector del Colegio Santa Librada y allí comenzó su vida pública. Esa es su historia a grandes rasgos. Eso forma parte de un libro que estoy tratando de escribir en homenaje a su memoria”.
¡Cómo sería de bueno para la historia del Huila que ese libro de Felio Andrade Manrique, si lo terminó o aún si quedaron importantes capítulos suyos revisados, fuera publicado por su familia! Esa es una deuda que tienen con él y con la historia.
