domingo, 12 de julio de 2026
Opinión/ Creado el: 2016-09-29 08:40

Felices y atembados en la bicicleta estática

Edgar Artunduaga

Escrito por: Redacción Diario del Huila | septiembre 29 de 2016

El espíritu apacible de los huilenses nos mantiene montados en una imaginaria bicicleta estática –por lo menos en lo público- al punto de que nuestras mayores esperanzas (no del Huila sino de sus protagonistas) es que alguien se muera o se retire para que Géchem o Chavarro vuelvan al Senado.

Lo de Géchem sigue embolatado y de lograrse no será pronto, porque (como ya lo he dicho) se discute si la curul que deja Martín Morales (acusado de narcotráfico y asesinato) se declara como silla vacía o algo se inventan para salvar ese peldaño del partido de la U. Están consultado al Consejo de Estado, a la Corte Suprema y a la señora conveniencia.

Otra sería la suerte si quien pierde la curul es el senador Carlos Enrique Soto Jaramillo, por favorecer de manera irregular a un familiar o pariente, nombrándolo en su unidad legislativa, aunque permanecía en el exterior.

Lo de Carlos Ramiro Chavarro es menos urgente, porque el dirigente garzoneño goza de buena posición burocrática y el senador Tamayo sigue grave pero no se ha muerto, como tampoco lo hizo Roberto Gerlein, en un escenario escatológico.

Todo lo demás ha sido y es parsimoniosa rutina en la elíptica. Cielo en la alcaldía y su hermano en la Cámara. Carlos Julio senador y ella gobernadora. Ahora él gobernador y ella que quiere se congresista, si logra desmontar todos sus fardos de ilegalidad.  

El senador Andrade, aburrido de voltear por el país, quiere ser ministro del que gane las siguientes elecciones, para lo cual se sumará al que vea triunfador, sin importar el partido. En la misma bicicleta tiene en la parrilla de atrás a su hermana, Esperanza, que pedalea pesadamente, aportando su mejor sonrisa.  

Pedro Suárez, el de los 100 abogados contratados en el último año para preparar informes que no se necesitaban ni se hicieron, el mismo que autorizaba gasolina para carros de bomberos arrinconados y sin uso, el principal autor de la catástrofe del estadio, el alcalde deshonesto, prepara su campaña porque quiere ser gobernador.

Surgen figuras siniestras como Armando Ariza (por fortuna sigue en la cárcel) y en su reemplazo llega Luis Miguel Losada, un personaje oscuro, mudo, secreto y sospechoso, cuota de los Gonzáles, útil para sus propósitos personalistas. (A propósito, Losada tiene problemas en la fiscalía, que no se han resuelto por una bacteria que enfermó a Saavedra, otro sindicado en irregularidades cuando hacían parte del gobierno de Cielo).

En esa bicicleta fija, que nos recomiendan a los viejos para la salud cardiovascular, pero que no debería ser útil  en las democracias, el Huila sigue moviéndose al ritmo tambaleante de un Rigoberto Ciceri, enguayabo permanente. Y la mirada fija de Orlando Ibagón, más conocido como bombillo flojo.

Ese es el marco de la vida política y pública regional, donde la única novedad es un alcalde de Neiva, Lara Sánchez, elegido con la ilusión de cambios y honestidad. Pero sumido en  un clima entoldado y enrarecido por un malicioso manejo de las Empresas Públicas.