viernes, 03 de abril de 2026
Opinión/ Creado el: 2014-06-20 09:23

Fanatismo y vandalismo

El fervor que por estos días despierta la selección Colombia en todos los nacionales, es totalmente justificado por los excelentes resultados obtenidos hasta ahora en el más importante torneo de fútbol del mundo, donde indiscutiblemente están los mejores.

Escrito por: Redacción Diario del Huila | junio 20 de 2014

Se siente bien ver un estadio en Brasil atiborrado de camisetas amarillas y banderas con el tricolor nacional, como también los rostros de alegría de los fanáticos y por su puesto el de los jugadores y el cuerpo técnico, inmejorables gracias al profesional y acertado trabajo que vienen desempeñando.

Pero en medio de esta alegría que tiene tinte de fiesta nacional, aparecen los vándalos a empañar la celebración.

En Neiva –para no ir tan lejos- presenciamos ayer los más bochornosos espectáculos. Centenares de motociclistas en evidente estado de alicoramiento, con cerveza y aguardiente en la mano, sin casco protector y en varios casos (tenemos la evidencia) con niños pequeños montados en medio de dos adultos ebrios.

Vimos hasta cuatro personas en una moto –todas sin casco- como también jóvenes ebrios parados sobre esta misma clase de vehículos y en carros en movimiento, exponiendo sus vidas de la forma más absurda e irracional, como si la felicidad de ver ganar la selección les quitara el respeto por la propia vida y la de los demás.

Pero además surge una pregunta. ¿Dónde está la autoridad? Los desórdenes que les contamos se registraron en las más céntricas y concurridas calles de Neiva (no en la periferia), donde la autoridad brilló por su ausencia.

Al cierre de esta edición no se conocían cifras consolidadas de heridos -ojalá no sean muchos- pero hay que reconocer que faltó autoridad y tal vez lo más importante, que para los otros partidos que faltan del Mundial, no se vuelvan a registrar este tipo de desórdenes. ¿Qué tal que Colombia llegara a la final? ¿Se imaginan el número de muertos en la celebración? Triste desenlace en un momento de gloria. Los goles de nuestra selección nos deberían llenar de júbilo y alegría y no convertirnos en vándalos y desadaptados, incapaces de ver que la mezcla de alcohol y gasolina puede ser letal.