Falta un James en la política
No hay una sola figura en la política nacional que despierte sincero entusiasmo generalizado, un arrebatado consenso de admiración y respeto.
Quizá alguna excepción en épocas pretéritas. Tampoco en la justicia y la administración pública.
Un James, al unísimo el personaje más querido en la selección colombiana de fútbol, no se repite en ninguna actividad de la vida nacional. Probablemente en la cultura, las artes, la música, la literatura, pero nadie con la espectacularidad de este joven deportista, tan efectivo en su trabajo, tan sencillo en su forma.
Hay banqueros importantes, la mayoría sin corazón. Periodistas exitosos, no siempre defendiendo los intereses del país. Procuradores y fiscales que expresan con descaro sus sesgos políticos o ideológicos. Jueces con mucho poder pero venales. Curas, policías, militares buenos y malos, pero nunca aplaudidos por todos.
En política, la situación es devastadora. ¿Quién puede entusiasmarse (distinto a sus inmediatos benefactores) con la posibilidad de que Benedetti, Name o Lizcano presidan el Congreso de la República, a partir del próximo 20 de julio?
En otros tiempos, la posición era ocupaba por una alta figura nacional. La majestad del personaje y el hecho mismo de su posesión resultaban solemnes. Eran figuras de mucho respeto al interior de sus partidos y el país en general.
Los tres candidatos de hoy sólo tienen el común denominador de pertenecer al partido de la U, que reeligió al presidente Santos. Ninguno es buen orador, ninguno es brillante congresista, ninguno tiene méritos propios y trayectoria rutilante. Los tres son –apenas- hábiles electoreros.
Es posible, dirán algunos, que tampoco se necesita más. El Congreso tradicionalmente ha sido un apéndice del Ejecutivo, sin dignidad para sobreponerse a su yugo. Y sin capacidad para legislar, al punto de que el 80 por ciento o más de las iniciativas provienen del gobierno. El otro 20 por ciento debe recibir su bendición.
En este orden de ideas, es indiferente el peso específico del presidente del Congreso. Por el contrario, mientras menos piense, mientras menos sea independiente, mejor obedece las instrucciones de Palacio.
Lo complicado de esta legislatura es que llegan toros bravos (Uribe, Serpa, José Obdulio, Navarro, Claudia López, Vivian Morales, entre otros) que exigirían una presidencia de buen nivel, no un zoquete que anarquice el debate. Pero así será. En política todavía no hay James Rodríguez a la vista.
