domingo, 12 de julio de 2026
Opinión/ Creado el: 2016-09-24 08:18

Falacia

M. A. Perdomolince

Escrito por: Redacción Diario del Huila | septiembre 24 de 2016

Ojo de lince

“Engaño o mentira que se esconde bajo algo, en especial cuando se pone de manifiesto su falta de verdad”. Argumento que parece válido, pero no lo es. Algunas falacias se cometen intencionalmente para persuadir o manipular a otros y pueden ser muy sutiles, por lo que es necesaria mucha atención para detectarlas”.

Son algunas de las definiciones que encontré consultando a la doctora Wikipedia, buscando confirmar si lo que me olía a falacia cuando escuchaba afirmaciones de opositores a los famosos acuerdos era realmente eso: falacias. Y sí, mi nariz no me engañaba.

Primero, un expresidente que, sin preguntarle a nadie, negoció la ley con narcoparamilitares expertos en violar vírgenes de menos de quince años y que hasta jugaban fútbol con las cabezas de sus víctimas; ya antes, otro -también sin preguntarle a nadie-, había entregado a las FARC, una buena porción de 43.000 kilómetros cuadrados de Colombia donde impunemente escondieron secuestrados, vehículos robados y millones de pesos producto de extorsiones, negociaron cargamentos de coca y sacaron corriendo a jueces, policías, comisarios y cualquier tipo de autoridad religiosa, civil y militar.

Ahora, estos dos próceres quisieron vendernos el cuento de que a cada reinsertado le regalaríamos de por vida $1´800.000 mensuales. Que se les obsequiaría a “la far”, la mitad de las curules del Congreso. Que en cada municipio se iban a instalar campamentos de la guerrilla, la cual podría actuar sin Dios ni ley. Que los mandos guerrilleros serían reconocidos con grados de suboficiales u oficiales militares. Que Timochenko y sus compinches pedían en bandeja de plata la cabeza de un expresidente señalado inclusive a nivel internacional como patrocinador de chuzadas, falsos positivos, persecución a sangre y fuego de sus opositores, infiltrador de las altas cortes y otras hazañas de las que sus hijos también fueron protagonistas y de haberle torcido el pescuezo a la Constitución comprando congresistas para garantizar su puesto en la solio de Bolívar. Que la fuerza pública se sentía humillada y avergonzada. Que reinaría “la impunidá”. Que a los ricos se les quitarían a la fuerza sus bienes para regalárselos a los terroristas. Que jamás la subversión entregaría las armas. Que el fantasma del “castrochavismo” sería la religión política de “la patria”. Que la Corte Penal Internacional desconocería los acuerdos. Que el Estado les quitaría a las familias el derecho a educar a sus hijos. Que el plebiscito era inconstitucional. Y nada ha resultado cierto.

Pero ojo, la lista de falacias sofistas para ingenuos o resentidos no termina, pues faltan días para el dos de octubre, por lo que es de esperarse que continúe ante la desesperación creciente a medida que se descubre que es solo una falaz letanía sin argumento que no sea el grito destemplado, la torva mirada enrojecida, la helada sonrisa del torturador, el manoteo desencajado o el ronco temblor vociferino de quien se siente cogido en la trampa y con todas sus flaquezas espirituales desnudadas ante quienes llaman melifluamente “compatriotas”.