Evocando al Maestro.
Quienes disfrutamos la compañía del arquitecto y catedrático, Bernardo Arango, lo recordamos por su buena energía y conocimientos, mal humorado por momentos, pero ante todo un señor, un amigo para escuchar y opinar, un hombre correcto y culto, buen conversador e historiador.
Por años pensamos que nació en Medellín , pero no, fue en Bogotá hace 66 años; sus padres eran de origen antioqueño y empresarios vinculados al sector industrial, los primeros años de estudio los adelanto en el colegio José Celestino Mutis, pero se gradúo como bachiller en el Francisco Miranda; paso el tiempo y buscando mejor suerte, se trasladaron a la ciudad de Medellín donde cambió de actividad laboral y se vinculó a la rama judicial gracias al parentesco familiar con un alto funcionario de la misma. Culminado el bachillerato, Bernardo decidió estudiar arquitectura en la Universidad Nacional de Medellín donde obtuvo el título de arquitecto en el año 1977.
En ejercicio de su profesión, se vinculó a una destacada empresa de consultoría antioqueña, donde fue director del departamento de diseño durante 7 años; posteriormente se independizo pero no le fue del todo bien, por ello una de las hermanas que residía en Neiva, lo invito cambiar de panorama laboral, lo que finalmente acepto. Un hombre enamorado de la música y buena comida, en especial de los frijoles, verduras y el buen café, en 1998 y gracias al profesor Hugo Cantillo, tuve la fortuna de conocerlo, lo que me permitió invitarlo a trabajar en la Facultad de Arquitectura de la UAN durante 15 años, se destacó por su entrega, habilidad y buen manejo de la mano alzada. Pero el tiempo nos los arrebató, pasaran los años y conservaremos en la memoria, el ser humano especial, el artista de excelente manejo y habilidad de acuarelas y óleos, sus obras fueron motivo de admiración por la depurada técnica y color por muchas personas conocedoras del arte como el maestro artesano, Arq. Alfonso Carrillo que en una apertura de una explosión de pintura expresó con términos muy elocuentes de su obra: “No he conocido unas acuarelas tan extraordinarias”, sin embargo el interés para que continuara pintando nunca se logró.
Me quedan los mejores recuerdos del maestro, el gran lector, el buen amigo y afinado cocinero, excelente carpintero y reciclador, pescador y amigo de la naturaleza, enamorado de la música clásica; gracias por hacernos conocer el valor de la amistad, te buscare en el valle de la eternidad y así el tiempo nos separe, llegara el momento para escuchar nuevas historias. Las experiencias de los tartufos y tartufas como les decías a un buen número de estudiantes… los buenos recuerdos y amistad nadie me los podrá arrebatar.
yepesrafaelh@yahoo.com
