Esto tiene que cambiar
José Israel Charry Calderón
Con el título de esta columna se han identificado libros, canciones, editoriales, divisas de campañas de distinta naturaleza. Esto para decir que no estamos jugando a ser originales y menos a apropiarnos de algo que sea de propiedad exclusiva de alguien o de algunos. Se trata, simplemente, de darle identidad a unas columnas que escribiremos en las próximas semanas.
En primer lugar, haremos un ejercicio para devolvernos en el tiempo histórico de la vida colombiana. Es imperativo saber de dónde venimos, de dónde procedemos, quiénes fueron nuestros antepasados, cuáles sus comportamientos, el por qué de esos comportamientos, qué heredamos de ellos. No podemos actuar como zombis, ni ser protagonistas del trajinado aserto: ¿Para dónde va Vicente? y su resignada respuesta: “Para donde va la gente”.
Sigamos. De la maravillosa obra: Gabriel García Márquez, una vida, escrita por el formidable biógrafo inglés Gerald Martin, he tomado algunos fragmentos que estimo pertinentes e ilustrativos para el repaso histórico propuesto.
“Quinientos años después de que los europeos toparan con el Nuevo Mundo, a menudo América Latina parece una decepción para sus habitantes. Es como si su destino hubiera sido determinado por Colón, “el gran capitán”, que descubrió el nuevo continente por error, que equivocadamente lo llamó “las Indias” y murió lleno de amargura y desilusión a comienzos del siglo XVI; o por Simón Bolívar, que puso fin al gobierno colonial español a principios del siglo XIX, pero murió consternado ante la desunión que reinaba en la región recién emancipada y atenazada por la sombría impresión de que “el que sirve a una revolución, ara el mar”. Más recientemente, el destino de Ernesto “Che” Guevara, el ícono revolucionario romántico por excelencia del siglo XX, que murió como un mártir en Bolivia en 1967, sólo confirmó la idea de que América Latina, el continente desconocido, la tierra del futuro, alberga grandiosos sueños y fracasos calamitosos”.
A continuación, Gerald Martin, escribe: “A finales del siglo XIX, la república de Colombia era un país de menos de cinco millones de habitantes controlado por una élite de tal vez tres mil propietarios de grandes haciendas, la mayoría de los cuales eran políticos y empresarios, y muchos también abogados, escritores o gramáticos. La guerra de los Mil Días fue la última y más devastadora de una veintena de guerras civiles nacionales y locales que habían arrasado Colombia durante el siglo XIX, libradas entre los liberales y los conservadores, los centralistas y los federalistas, la burguesía y los terratenientes, la capital y las provincias”.
