sábado, 11 de julio de 2026
Opinión/ Creado el: 2017-04-07 09:24

Esto tiene que cambiar (III)

José Israel Charry Calderón

Escrito por: Redacción Diario del Huila | abril 07 de 2017

Si bien es cierto ninguna nación latinoamericana padeció menos golpes de Estado o dictaduras en el siglo XX que Colombia, sus habitantes pagaron un altísimo precio por esa apariencia de estabilidad institucional, como afirmara Gerald Martin. Una clara demostración de ello fue el sangriento episodio que tuvo origen en el llamado ‘Bogotazo’ que partió del asesinato del líder liberal Jorge Eliécer Gaitán Ayala, en Bogotá, hacia la una de la tarde del 9 de abril de 1948. (Este domingo se cumplen 69 años del genocidio que partió la historia de nuestro país el siglo pasado).

La coyuntura en el tiempo es propia para dar otro vistazo a la historia nacional, como lo venimos haciendo en líneas gruesas hace dos semanas.

Gaitán, hijo de una educadora, quien le transmitió los conocimientos de toda  la primaria, fue guía tutelar y mejor aliento durante su vida, lo mismo que su padre, un liberal de tiempo completo, que luchó en la guerra de ‘Los Mil Días’ y tuvo como actividad principal ser un reconocido lector y propietario de una librería en Bogotá, en la cual El Caudillo tuvo una inmejorable fuente para alimentar su temprana y férrea pasión por la lectura; se hizo abogado de la Universidad Nacional y cursó estudios de alta academia en Roma, en donde tuvo como docentes, entre otros, al crédito mundial del derecho Penal y la oratoria Enrico Ferry, así como al tristemente célebre ex dictador de Italia Benito Mussolini. A su regreso a Colombia -a mediados de la década del 20- por el puerto de Barranquilla, conoció de las atrocidades que cometía la United Fruit Company, cuyos directivos ordenaron la masacre de centenares de humildes jornaleros, a quienes sobrevivieron valerosos hombres que un día se revelaron y reclamaron el respeto a sus derechos, con lo cual sólo lograron órdenes de privación de su libertad, que fueron suspendidas o aminoradas después de la vibrante denuncia que él hizo en la Cámara de Representantes de todo lo que ocurría en la zona bananera del norte del país. Esa defensa lo catapultó como el nuevo líder político, con un definido acento de combate contra toda manifestación de desigualdad e inequidad social provocada por las castas liberal y/o conservadora de entonces.

Gran orador, abogado penalista, profesor universitario, Ministro de Estado, representante de Colombia ante organismos internacionales y Alcalde de Bogotá, fueron títulos para que en 1946 disputara la Presidencia de la República, a la que volvería a aspirar con mayor opción en 1950, pero la violencia se lo impidió.