sábado, 11 de julio de 2026
Opinión/ Creado el: 2017-03-31 09:07

Esto tiene que cambiar ( II)

José Israel Charry

Escrito por: Redacción Diario del Huila | marzo 31 de 2017

Hoy continuamos con el repaso del discurrir histórico de Colombia. Llegamos al año 1900. Para el mismo Gerald Martin, el biógrafo inglés en quien nos hemos apoyado para hacer algunas remembranzas, “…la guerra de los Mil Días fue la última y la más devastadora de una veintena de guerras civiles nacionales y locales que habían arrasado Colombia durante el siglo XIX, libradas entre los liberales y los conservadores, los centralistas y los federalistas, la burguesía y los terratenientes, la capital y las provincias. En muchos otros países, el siglo XIX asistió a la victoria de los liberales o sus equivalentes en la histórica batalla, mientras que en Colombia los conservadores dominaron hasta 1930 y, tras un breve interludio liberal de 1930 a 1946, asumieron de nuevo el poder hasta mediados de los cincuenta y al día de hoy siguen siendo una fuerza poderosa. Ciertamente, Colombia es el único país donde a finales del siglo XX las elecciones generales se debatían entre un Partido Liberal y un Partido Conservador tradicionales, sin que otras fuerzas políticas lograran afianzarse de manera perdurable. Esto ha cambiado en los últimos diez años” (Escribe en 2009). Y continúa: “Aunque la guerra se denominase “de los Mil Días”, en realidad el conflicto había acabado antes casi de empezar. El gobierno conservador disponía de recursos sumamente superiores y los liberales quedaron a merced de las excentricidades de un líder carismático pero incompetente, Rafael Uribe Uribe. A pesar de eso, la guerra se prolongó durante poco menos de tres años, siendo cada vez más cruel, enconada e inútil. Desde octubre de 1900, ninguno de los dos bandos hacía prisioneros: se anunció una “guerra a muerte” cuyas sombrías consecuencias se dejan notar todavía en Colombia. Cuando todo acabó, en noviembre de 1902, el país estaba devastado y empobrecido, la provincia de Panamá estaba a punto de perderse para siempre y alrededor de cien mil colombianos habían perecido en la matanza. Durante décadas se sucederían enemistades y venganzas fruto del modo en que se había resuelto el conflicto. Esto ha hecho de Colombia un país paradójico, en el cual durante casi dos siglos los dos partidos mayoritarios han mantenido una amarga enemistad sin ocultarlo, si bien se han unido tácitamente a fin de garantizar que el pueblo nunca tuviera una verdadera representación. Ninguna nación latinoamericana ha padecido menos golpes de Estado o dictaduras en el siglo XX que Colombia, pero sus habitantes han pagado un altísimo precio por esa apariencia de estabilidad institucional”.