Estamos en la tercera guerra mundial
Delimiro Moreno
Impactos
El ataque yidahista a París con su trágico resultado de aproximadamente 130 muertos y la respuesta francesa de bombardear la ciudad capital del Estado Islámico (EI) con el apoyo de las potencias occidentales, son apenas batallas en la III Guerra Mundial o la primera del siglo XXI, que está técnicamente en curso ya desde hace varios años, aunque no haya sido declarada oficialmente entre estados, pero sí lo está por uno de los bandos, el extremista musulmán, que no oculta su lucha contra el sistema político occidental y su aspiración de convertir a todo el mundo en la creencia en su dios, Alá, y su religión, la mahometana.
Son muchos los elementos que se juegan en esta guerra. Los gobiernos occidentales y las grandes multinacionales petroleras buscan dominar los pozos de los países productores del precioso combustible y para ello no han vacilado en poner en esos países gobiernos títeres que les garanticen su explotación, para lo cual han llegado al extremo de alentar inclusive facciones locales fundamentalistas que se oponen a sus gobiernos, cuando estos no aceptan las condiciones de las multinacionales, facciones que en muchos casos (los extremistas de Afganistán, AlQaeda, Isis, el Estado Islámico) se les han crecido y convertido en su primer enemigo para sus propósitos imperialistas. Y en el otro extremo, abanderando esas luchas contra la explotación económica, pero agregándole una misión religiosa, la implantación universal del mahometanismo (”Solo Alá es Dios y Mahoma su profeta”), que lleva a sus fanáticos a sacrificarse en la guerra convencidos de que a su muerte serán llevados al paraíso.
Así, mientras los gobiernos occidentales luchan por beneficiarse del petróleo árabe y enarbolan hipócritamente la defensa de la civilización cristiana occidental, los extremistas musulmanes, aprovechando el descontento por la explotación económica imperialista, quieren imponer a todo el mundo la religión de Mahoma. En el medio, los hombres, los pueblos, que no aspiramos a explotar en nuestro beneficio el petróleo árabe, ni aceptaríamos la religión musulmana como la nuestra, somos espectadores inermes e impávidos de esta guerra cruel en la que se han presentado masacres inconcebibles por ambos bandos, todas ellas condenables como delitos de lesa humanidad, no solamente las de los extremistas musulmanes sino las de los bombardeos occidentales indiscriminados sobre ciudades y pueblos, contra los civiles inermes que en ellos habitan.
La primera guerra del siglo XXI por el petróleo y la primacía de una religión sobre todas las otras, ha comenzado. Su final, sea cual sea, no será en beneficio de las masas universales que no estarán bien ni con el triunfo de las multinacionales petroleras ni con el de los mahometanos extremistas. Una tercera vía tiene que surgir y ofrecer a la Humanidad un futuro diferente, basado en los principios de la tolerancia, igualdad y fraternidad entre los pueblos que ninguna de las partes en pugna ahora nos ofrece.
