Espectáculo judicial
Por Amadeo González Triviño
“En tiempos de bárbaras naciones
se colgaban en cruces los ladrones;
y en los tiempos presentes y de luces
del pecho de ladrones cuelgan cruces”
El Departamento del Huila, y particularmente el Municipio de Garzón, ha sido objeto en los últimos días de una serie de situaciones que buscan desempañar algo de ese gran mal que afecta la Administración Pública de hoy en día, como lo es la corrupción.
En ese afán por mostrar resultados la Fiscalía, ha recurrido a toda clase de situaciones que contrastan con la dignidad humana y con las ritualidades procesales mismas, hasta el punto de que nos enfrentamos a una administración de justicia del espectáculo, del sensacionalismo, de la improvisación y por qué no, del afán torpe de condenar sin fórmulas de juicio para que los medios de comunicación, con cierto recato por algunos de los investigados y omitiendo la referencia a sus patrocinadores y amigos, haga toda clase de elucubraciones mentales y sacie ese espíritu de venganza o de persecución muy propia de nuestra sociedad.
Si existiera un Poder Judicial coherente, que luchara frontalmente con argumentos contra la corrupción, en forma eficiente, oportuna, inmediata y ágil, como debe ser y nos diera ejemplo, desde su propia institucionalidad, de políticas correctas contra sus manifestaciones, otra historia se podría contar y otros resultados se podrían esperar. Pero la realidad es diferente. Todo es tan incierto, que muchos serán señalados como víctimas de una afrenta y se les reconocerán méritos que no se merecen en el escenario de la vida pública.
Muy pronto, la gran mayoría de los capturados, ha de volver a ocupar sus cargos y el rol maquiavélico del poder, se habrá desgastado en todo sentido, por cuanto, de ese afán inmediatista que se ha evidenciado en pequeñas causas a nuestro alrededor, aumentará en los ciudadanos ese desgano por la valoración de nuestras instituciones, en tanto, que los mismos funcionarios cualificarán los recursos para disfrazar las formas de saqueo del erario público y se perfeccionarán todas las formas del delito, como ha sucedido a lo largo de la historia.
Deseamos que haya verticalidad en las decisiones que se adopten, que haya soporte probatorio como se requiere para juzgar y condenar y que no sea todo fruto o consecuencia de la improvisación judicial, del protagonismo amarillista de los medios de comunicación que hoy en día, ya absolvió a todos los indiciados e hizo eco de sus defensores de una pronta e inmediata libertad.
El fenómeno de la corrupción que se denuncia a diario abarca el fenómeno de las mermeladas, el carrusel de la contratación y todas y cada una de dichas situaciones donde la impunidad y la venalidad van tomadas de la mano y los principios de ética, transparencia y moralidad, no son más que parte de un lenguaje amorfo, para engañar en procesos electores, como éste que se nos vino encima. Que la Justicia salga fortalecida o que se desacredite más, con las consecuencias de estas capturas y de estos procedimientos. El destino nos dará la razón.
