Esclavos
Helber Mauricio Sandoval
Tal vez pase desapercibido hoy, pero hace solo 20 años, era imposible que con tanta agilidad, accediéramos a información tan variada y tan actualizada como hoy lo hacemos. Los equipos móviles tenían limitadísimo mercado, la señal era irregular –bueno, en eso no hay cambios- y sólo algunos aparatos de señal satelital permitían tal comunicación.
El vertiginoso avance de la tecnología hoy ha logrado incluso poner en desuso los custodiados álbumes familiares en los que pululaban momentos determinantes de nuestro pasado. Pero ese mismo avance ha puesto de presente un nuevo reto: El del prudente juicio frente a los instantes que con todos estos medios captamos.
No quiero recabar en el episodio noticioso y morboso de ésta semana. Es más, aún no sé si el Procurador ya entendió el costo que tuvo su ligereza para con la supuesta investigación que inició; tampoco sé si la periodista dimitida pensó un instante antes de realizar el hecho que por éstos días le ha permitido despertar más tarde; desconozco si la tal “dignidad” que se invocaba para que el Comandante de la Policía renunciara es sincera en un país que ahora sabe que en una cárcel –que como todas, es estatal-, se descuartizaban personas; incluso me pregunto si la Policía quiere prescindir un hombre con tan enorme valor como el que mostró el copartícipe del famoso vídeo que se atreve a grabar ocultamente una conversación en la que dice y hace semejantes cosas.
Lo que sí creo es que de video en video, de foto en foto, estamos arruinando lo poco que había conseguido la humanidad en los últimos siglos en cuanto a racionalidad; para cada persona que ha intervenido en las imágenes que los medios de comunicación ha querido que veamos, se han lanzado críticas y alientos de todo calibre, tal vez todos fundados; pero realmente lo que se quiere es eso? O será que todos éstos hechos, convertidos en escándalos, no son más que estrategias comunicativas para captar la atención de los impávidos oyentes y televidentes que cautivos del chisme y regocijados en el dolor ajeno, disparan las audiencias?.
Estoy convencido que quien tiene la información tiene el poder y por eso mismo considero que tan idiotas útiles son quienes así nos direccionan, como quienes así nos dejamos aprisionar, al costo que ello tenga, incluso de la inevitable nulidad del proceso disciplinario aperturado, de la muy absolución del General retirado, del nuevo “proyecto periodístico” de la comunicadora y de la salida del “valiente” copartícipe.
