domingo, 12 de julio de 2026
Opinión/ Creado el: 2016-09-08 08:07

Esas vetas nuestras

Diógenes Díaz Carabalí

Escrito por: Redacción Diario del Huila | septiembre 08 de 2016

Estas vetas nuestras que nos han llevado al desastre. Los magos que con su calabacita llena de imanes las han descubierto, sin que nunca asumieran su responsabilidad. Hubo un mago que descubrió El Cerrejón, y jamás se ha hecho juicio de responsabilidad por la contaminación de la bahía más hermosa de América. Santa Marta carga con el daño ecológico más impresionante de la historia; convertida en la bahía más contaminada, por los residuos de carbón que nadan implacables donde antes los corales adornaban un mar límpido y claro. Su recuperación costaría mucho más que las utilidades, con vertimientos que se estiman en una tonelada por semana en los 36 Kilómetros de la bahía, por los tres puertos instalados allí.

Otro mago vio en los servicios de salud una mina incomparable. Buen negocio la plata de los colombianos si se estima la salud subsidiada y la salud prepagada. Entonces, se dictó la Ley 100 en el gobierno de Gaviria con su bienvenida al futuro, cuyo ponente fue el entonces senador Álvaro Uribe. Se formaron empresas de papel auspiciadas por políticos que aún campean por las tribunas públicas, en donde mucho han tenido que ver honorables personajes como exfiscales y altos funcionarios del Estado. Se robaron la plata de la salud y los colombianos siguen muriéndose ante la desidia de un sistema terrible.

Otras vetas descubiertas en nuestra geografía han sido las presas. Un negocio redondo porque se tomaron los ríos de la patria para explotar su recurso sin pagar un peso. Y la hicieron bien, con recursos públicos, pero tan pronto se dieron cuenta de su rentabilidad, las remataron para que el capital privado se apropiara de ellas. Resultado: consumimos unas de las energías más caras de la región, implacables, que hacen poco atractiva la inversión. Un negocio sobre seguro. Ahora, se da en concesión la construcción de más presas a empresas que tienen más poder que el mismo Estado, incumplen sentencias de la autoridad judicial y se imponen por encima de las aspiraciones de las comunidades. Emgesa Quimbo, en el Huila, es un ejemplo.

Antes, la ambición sin límite nos llevó a la veta del narcotráfico. Si mal no recuerdo, el plan secreto de los Estados Unidos fue invadir Vietnam con opio. Pues en Colombia, quienes difundieron y enseñaron a procesar y consumir coca y marihuana fueron los gringos de los Cuerpos de Paz de la Alianza para el Progreso. Los “Mafiosos” aprovecharon la circunstancia, vieron una oportunidad de negocio de un producto que en sus comienzos el estado no reprimía y, además, consintió sin medir las consecuencias.

Hoy, la veta es la minería ilegal. Los actores son los mismos. Quienes buscan enriquecerse con facilidad. Lo extraño de este negocio oscuro es que las últimas en darse cuenta son las autoridades. Particulares llegan a una región con grandes equipos, que se caracterizan precisamente por la bulla y el daño que causan, se establecen, contratan personal sin ninguna garantía laboral, deterioran cauces de ríos y quebradas, contaminan con mercurio y cianuro, acaban con la flora y la fauna ictiológica y nadie se da cuenta, incluso frente a las barbas de la autoridad, como pasa en el puente sobre el río Cauca, en la vía Santander de Quilichao-Cali, donde hay una base militar y los mineros hacen su labor bajo el puente.