Es hora de los balances
Orlando Parga
Por esta época diferentes empresas realizan detallados balances de pérdidas y ganancias obtenidas durante este 2016 y se aprestan a diseñar rigurosos planes para el 2017. El Ser Humano también se detiene por unos instantes a realizar un repaso de sus logros y fracasos del año que termina y a plantearse propósitos de mejora para el que viene.
Debemos tener una mirada clara para recibir el 2017 con la mejor disposición y no con la cara de los que ven pasar la vida sin ningún interés, sin metas en la vida. Esta es una temporada propicia para sentarse con los suyos y valorar todas las acciones positivas cumplidas durante este año que esta ad portas de finalizar.
Son muchos los entornos que pueden quedar sometidos al análisis anual como por ejemplo el entorno familiar y laboral. Son ellos los derroteros y que marcan la pauta del devenir diario que nos enseñan sobre la razón de vivir.
Hasta en los zoológicos existan rigurosos protocolos para evaluar el bienestar animal y se establecen indicadores que arrojan resultados como por ejemplo conocer las condiciones de vida de las especies silvestres en cautiverio.
Los balances están indisolublemente ligados a los propósitos o metas. Realizar una autoevaluación periódica de nuestros logros o fracasos es el primer paso para establecer metas y definir cómo lograrlas, y qué mejor que el fin de año para hacerlo.
Generalmente esperamos hasta los últimos días del año, incluso hasta el 31 de diciembre y ya cerca de las doce de la noche. Solo entonces empezamos a evocar lo sucedido en el año que agoniza, y se alistan las uvas, maletas e incluso lentejas, que son reflejo de los deseos por alcanzar en el ciclo que está a punto de iniciar.
Suena la tradicional canción “Faltan 5 pa’ las 12”, abrazo va, abrazo viene, feliz año para todos, y con optimismo se renuevan propósitos, compromisos e intenciones para empezar el primero de enero con pie derecho.
No obstante, ni los balances o evaluaciones personales son concienzudos, para establecer causas y efectos; y los deseos, propósitos o metas, y lo que se debe hacer para alcanzarlos, tampoco se escriben, por lo que pocos meses después de finalizar un año las promesas se olvidan y los objetivos se postergan indefinidamente. Apelamos a que nos falta tiempo y hasta que los fines trazados son supuestamente inalcanzables para justificar y exculpar el incumplimiento.
Por eso, es bueno tomarse el tiempo con anticipación para realizar las lista de deseos, meas o propósitos largamente aplazados o nunca iniciados, decantarlos y priorizar los que se pretenden cumplir el año que viene.
Además conviene escribir claramente cada meta y el paso a paso de cómo espera alcanzarla, para poder hacer un seguimiento durante los siguientes 12 meses y poder realizar un análisis al final de cada año, a fin de ejercer control sobre los proyectos iniciados y revisar qué logros se consiguieron en el periodo que está a punto de culminar.
Y es que los balances, evaluaciones o autoevaluaciones permiten confrontar los fines planteados, los resultados obtenidos, las modificaciones que se hicieron en el camino. Es la manera idónea de identificar cuáles fueron los procesos adelantados para alcanzar resultados.
Además, permiten establecer las fortalezas, oportunidades, debilidades y amenazas, una práctica que a su vez incentiva el mejoramiento continuo. Y esto también aplica perfectamente para los proyectos de vida personal o familiar.
No debemos temer a establecer compromisos puntuales y, al finalizar el año, mirar qué se cumplió y qué no, porque hacer una revisión entre propósitos y logros permite medir el nivel de crecimiento.
Así, también podemos determinar las lecciones aprendidas a lo largo del año. Este enriquecedor análisis ayuda también para aprender de la experiencia e intentar ser cada vez mejores.
Entonces, evaluemos el 2016, celebremos lo logrado y auguremos lo mejor para el 2017.
