Es el momento
Por Carlos Alberto Baena López
Colombia pasa por un momento crucial. Importantes decisiones se están tomando en el país. Ellas, sin lugar a dudas, marcarán su historia y requieren, más que nunca, de unión, respeto, compromiso, responsabilidad y pertenencia de cada uno de los colombianos, independientemente de su condición, etnia, edad, creencia o género.
El conflicto armado, la corrupción, la discriminación, la desigualdad, las persecuciones y la falta de oportunidades hacen parte de la lista de problemas complejos que han marcado la historia del país. Desafortunadamente, el paso del tiempo, con presencia de estas situaciones, ha tenido una dinámica directamente proporcional a la costumbre de la ciudadanía, e inversamente proporcional a su sensibilidad, pues parece, lamentablemente, que cada día, estas circunstancias son aceptadas y toleradas como parte de una anticultura colombiana.
Pero, ¿Cuál es nuestro deber como ciudadanos? ¿La pasividad podrá llevarnos a alguna parte? ¿Será que llegó el momento de que los colombianos tomemos las banderas del progreso y asumamos la lucha por un mejor país? ¿Será el momento de aportar a Colombia desde nuestro trabajo, estudio y hogar? ¿Es el momento?
Sí. Ha llegado el momento de que dejemos de ser simples espectadores y seamos protagonistas del progreso. Ahora, más que nunca, necesitamos de una ciudadanía activa y participativa; con plena conciencia de sus problemas, pero con propuestas viables y, sobre todo, con la firme disposición para solucionarlos.
Se requiere de una sociedad que no mire “relativamente” los derechos; sino que parta de la realidad de que cada persona es un ser digno y que sin importar sus creencias, principios o condición, merece respeto y protección. Debemos propender un país en el que la vida, la salud o el mínimo vital no sea un privilegio o un objeto más, susceptible de transacción económica. Tienen que ser prioridades del Estado, propias a la naturaleza humana, no sólo en la teoría, sino más bien en la práctica.
Es el momento de entender y tomar conciencia de que con nuestros actos, podemos hacer un cambio. No se puede seguir pensando que el país lo construye exclusivamente el Presidente o el Congreso. En realidad, somos todos.
Debemos trabajar unidos, rechazando la injusticia y la corrupción. Somos los primeros llamados a ejercer un control a la labor de nuestros representantes, y a exigir el cumplimiento y garantía de nuestros derechos, pues la política está para servir y no para servirse de ella.
