domingo, 12 de julio de 2026
Opinión/ Creado el: 2016-07-13 08:37

Es cuestión de caridad

Orlando Parga Rivas

Escrito por: Redacción Diario del Huila | julio 13 de 2016

Las diferencias sociales e iniquidades en Colombia son enormes. Existen polos opuestos en la calidad de vida entre las diferentes clases socio-económicas, imperando la exclusión y el marginamiento. En tal contexto el país reclama recuperar la ética pública, la solidaridad social y la caridad individual, para salir del asador que gira sin cesar entre el enriquecimiento de pocos y el empobrecimiento –envilecimiento- de muchos.

El estilo de vida es una conversión interior que nos debe llevar a cambiar radicalmente nuestra postura hacia el reconocimiento y aceptación de la diferencia, -otredad-. De esta manera debemos suscitar esperanza en la atención a los desvalidos y actuar como buenos Samaritanos; hacernos abogados de justicia, defensores de los derechos humanos y bienhechores de las personas víctimas de la violencia, pero también de los combatientes que en acto de contrición regresan a la civilidad como resultado de los acuerdos de paz entre el gobierno del Presidente Juan Manuel Santos y las Farc.

Víctimas y victimarios precisamente han sido el resultado o efecto del abandono estatal por décadas y de las intolerables desigualdades sociales y económicas del país. Entonces ¿por qué no resarcir el dolor que han padecido las unas y acoger a los que quieren dejar las armas? La Doctrina Social de la Iglesia convoca a suscitar esperanza en medio de las situaciones más difíciles, porque si no hay esperanza para los afligidos y para quienes quieren enderezar el camino, no la habrá para nadie, ni siquiera para los poderosos o llamados ricos.

Si usted que me lee, no es capaz de tener una actitud diferente de entrega y reconocimiento del otro; si no somos capaces de suscitar esperanza, confianza y seguridad entre las personas marginadas, afectadas o despreciadas como resultado de tantos años de violencia, nadie la va a alcanzar.

En días pasados, el Jefe de Estado se reunió con más de cien líderes, cristianos, católicos y protestantes, quienes anunciaron que trabajarán conjuntamente para fortalecer el sector religioso y acompañar el anhelo de paz que tienen los colombianos.

La opción preferencial por los pobres y desamparados es la concientización y responsabilidad de los dignatarios que tienen en sus manos la toma de decisiones políticas y económicas, y de los líderes de opinión, de cambiar los estamentos y las estructuras en función de los desprotegidos. Ahora bien, será el Estado el encargado de poner a disposición del país el anhelo en búsqueda de la paz pública.

De esta manera debemos primero recibirlos, asistirlos, acompañarlos, escucharlos, comprenderlos y procurarles las oportunidades que están clamando, con reciprocidad de inclusión, y de esta manera abrir un horizonte de esperanza.

Comprendamos que todos sin excepción somos responsables de este caos de la violencia, de su perpetuación o terminación, y quiero volver a repetir una frase de otro tiempo pero que nunca pierde vigencia: ¡el que esté libre de pecado que arroje la primera piedra!, en otras palabras, quien no se sienta causante de la guerra, que sea responsable de la paz y aporte a su construcción desde ya.

Porque la verdadera paz no se logra con mandatos, ni decretos, con odio, atentados, sembrando terror, dolor, desconfianza, pérdida. El país debe cambiar, y ya está cambiado, pero ¿mañana nos despertaremos diferentes? ¿Tanto dolor era necesario para reflexionar? ¿Cuántos más deben morir? ¿Cuántos más deben llorar? ¿Cuántos más debemos elevar nuestros gritos de súplica, rogando reflexión, bregando por el sentido común, por la paz? Es cuestión de caridad!