Envejeciendo: efectos financieros y laborales
En una nota reciente nos preguntábamos por el efecto del envejecimiento sobre las mesadas pensionales. Concluíamos allí que en economía no existen “almuerzos gratis”:
la mayor longevidad requiere de mayores ahorros para asegurar tranquilidad económica en la vejez. En efecto, si el disfrute esperado de la pensión se eleva de 10 a 20 años, las mesadas pensionales de alguien que logra ahorrar $500 millones se estarían reduciendo de $5,1 a $3,2 millones/mes (suponiendo rentabilidades nominales del 5%). Notábamos también que ello implicaría una significativa reducción del 38% en el monto de la pensión esperado debido a esa mayor longevidad. En el caso de períodos de disfrute de 25 años, lo cual pronto podría ser la norma poblacional, la reducción en la mesada pensional podría llegar a ser del 45% en los ahorros de $500 millones, pasando de esos $5,1 a $2,8 millones/mes.
Esta arista financiera del envejecimiento, para muchos analistas, no es ni siquiera la más preocupante, pues alguien podría concluir que vivir con $5 millones/mes pero sin oficio productivo, que nos invite a levantarnos con vigor cada mañana, sí sería un drama preocupante. Por esta razón los investigadores del área laboral vienen advirtiendo sobre la importancia de planear una vejez feliz, ojalá incluyendo alguna actividad productiva.
Por ejemplo, Bloom et al. (2014) de la Universidad de Harvard y Burtless (2014) de Brookings Institution nos señalan algunos factores preocupantes en este frente ocupacional en edades maduras. El primer hecho es que, durante las tres últimas décadas, se ha observado que la edad de pensión a nivel legal tan solo se ha incrementado en seis meses en los países desarrollados, mientras que las expectativas de vida lo hicieron en casi nueve años. Esto implica una gran pérdida de capital humano y de menor productividad, pues la gente tiene más años de vida útil que los dedica al ocio. Ello termina reflejándose en mayores tasas de dependencia laboral y en menor crecimiento potencial para dichos países, especialmente en Japón y Alemania, mientras que Estados Unidos está logrando amortiguar ese efecto a través de la mayor inmigración latina.
Un segundo factor resaltado por dichos estudios se relaciona con las dificultades laborales que están encontrando aquellos que, cercanos o en su edad pensional, intentan permanecer en sus trabajos. Aquí el mensaje central es que a mayor nivel educativo, mayor la probabilidad de extender la vida laboral. Esto debido a dos factores relativamente obvios: i) los de menor nivel educativo han fundamentado sus carreras laborales en habilidades físicas, que seguramente se van perdiendo con el tiempo, y de allí su “desgaste” laboral al entrar en la zona de edad pensional; y ii) aquellos con mayor nivel educativo, por el contrario, ven valorizada su experiencia con los años y pasan a funcionar como supervisores, asesores y en diversas juntas directivas, donde se aprovecha bien esa experiencia.
En efecto, según Burtless (2014), la participación laboral de personas con edades entre los 62 y los 74 años, y con especializaciones universitarias (incluyendo Ph.Ds), se ha incrementado del 40%-50% a cerca del 55%-60% durante la última década (hasta 2010), ver gráfico adjunto. En cambio, aquellos con estudios que tan solo llegan al bachillerato se mantienen en el rango 25%-30% de participación laboral. En muchos casos el disparador de mayores participaciones laborales de los más educados ha tenido que ver con la crisis financiera del periodo 2006-2010, al percatarse que estarían viviendo más años y que parte de sus ahorros se habían esfumado con dicha crisis.
Sin embargo, la reacción ha sido diferenciada a nivel geográfico. Mientras que en Estados Unidos la porción promedia de personas en edad de pensión que ahora participan en la fuerza laboral se ha elevado del 13% al 20%, la crisis de Europa refleja incrementos mayores. El caso más notorio ha sido Alemania, donde el salto ha sido de una participación laboral del 25% hacia el 50%. En Grecia, España e Italia este movimiento aun es lento, entre otros factores, por falta de oportunidades, pues sus tasas de desempleo permanecen elevadas en el rango 15%-25% (ver The Economist, abril 26 del 2014).
Desde el punto de vista regulatorio, hacia el futuro es probable que veamos tendencias alcistas en las tasas de participación laboral de Europa por cuenta de la vinculación de la edad de pensión a las expectativas de vida, lo cual empieza a mostrarse como una norma, que pronto habrá de llegar a los países en vía de desarrollo. Luego la consigna para Colombia es doble: prepararse para vivir más largo, pero trabajando y ahorrando por más tiempo del imaginado, lo cual no necesariamente es una fuente de tristeza, sino de realización, especialmente para aquellos que cuentan con mayores niveles educativos; luego jóvenes, el mensaje para ustedes es triple: a estudiar, a trabajar y a pensar en pensionarse mucho más tarde que sus padres.
SERGIO CLAVIJO VERGARA
