Entre víctimas y victimarios
Muchas formas de interpretación se han dado y otras tantas polémicas se han suscitado con ocasión de abordar uno de los puntos de negociación acordados entre el Gobierno Nacional y las FARC, para la terminación del conflicto, como lo es el Derecho de las víctimas.
Desde un primer momento se han descalificado a los miembros representativos de uno y otro sector, pero el conflicto sigue generando día a día, victimas que hacen parte de ese pueblo anónimo, que sufre las consecuencias de la ausencia total de gobierno, de quienes viven en el desgobierno de la política tradicional y de quienes son a su vez, víctimas de otros factores de violencia que no se han sentado a la mesa de la negociación.
El país se confunde cada día más, nuestro ánimo de reconciliación con la patria y con los colombianos, no deja de ser más que un distractor para avalar los procesos de corrupción, de bandidaje y de inseguridad que estamos viviendo todos los días, en un ciclo que no tiene retorno, que ha perdido el rumbo de su historia y que se extravía en un laberinto del cual, cada día nos aterramos más y más, cuando los mismos ciudadanos de bien, pierden las esperanzas de una democracia herida de muerte.
Los partidos tradicionales están enfrascados en la mermelada del poder, y entre improperios y afanes de figurar y de burlarse del país, es el mismo señor Presidente, quien advierte el aumento de las partidas para dicha forma de silenciar a los padres de la Patria. En tanto los entes de control se disputan y se reparten entre unos pocos, para ganarle la pelea a quienes en el pasado hicieron lo mismo en su cuarto de hora en el poder. Luego de utilizar al expresidente Gaviria, el Presidente lo hace a un lado y le hace perder su liderazgo partidista, todo por un guiño electoral.
Entonces las víctimas del conflicto pasan a un segundo plano, y lo que tenía que ser tema de discusión y de acuerdos, no pasa de ser una pantomima en la que las condiciones propias de dignidad, de reconocimiento y de proyección hacia políticas sociales de reconciliación, no se ven venir, más que a partir de trinos y de mensajes que se distribuyen para el afán sensacionalista de los medios de comunicación y acaparar la audiencia de las confrontaciones a la que nos tienen acostumbrados.
El Derecho de las víctimas, en un proceso de negociación para hacer cesar las fuentes del conflicto social que vivimos, no puede venir de sus propios victimarios, cuando sentados en la mesa de los diálogos, se dilatan innecesariamente las acciones requeridas para darle credibilidad a esos diálogos mismos.
El derecho a las víctimas no es un perdón o un olvido. Es más que ello, es y debe ser el inicio de todo un proceso en el que el reconocimiento de la dignidad humana, el reconocimiento de los valores morales, éticos y ciudadanos, se impongan como fuerza de convicción para construir, desde la familia, el núcleo de una sociedad, diezmada por la ausencia de políticas que tengan como finalidad la convivencia ciudadana, y el verdadero inicio del ciclo de negociaciones y acuerdos sociales, con juicios de responsabilidad social y política que estamos en mora de implementar contra nuestra clase política y dirigente a través de toda nuestra historia.
