Enrique Peñalosa e Isabel Segovia
Esta semana ha sido agitada en materia de política electoral debido a los escándalos por parte de los candidatos de la campaña uribista y la del candidato presidente.
Los señalamientos corroboran la tesis planteada con el fin de excluir y ocultar las demás propuestas. Para el ciudadano del común, el voto en blanco y el desánimo pueden llevarnos a altos índices de abstención en el proceso electoral. Las estrategias y métodos utilizados entre Juan Manuel Santos y Óscar Iván Zuluaga son propios del bajo mundo: delincuentes, narcos, traquetos, hampones y pillos.
He tratado de buscar y auscultar a partir del análisis de las fórmulas presidenciales, una opinión que vaya más allá de la simple coyuntura o momento electoral parte de los grandes medios de comunicación en favor del poder político. En este caso me ocuparé de los candidatos que integran la Alianza Verde: Enrique Peñalosa y la candidata a la Vicepresidencia Isabel Segovia.
Peñalosa se ha catalogado en sus ejecutorias públicas y privadas con fuerte tendencia tecnócrata, priorizando la toma de decisiones basado en conceptos técnicos y obedeciendo al interés general que al particular. Su paso por la Alcaldía de Bogotá si bien permitió que la ciudad avanzara en temas de movilidad y desarrollo urbanístico, su visión pragmática no permitió que los procesos de cultura ciudadana que ejecutó Mockus tuvieran la continuidad esperada. De su fórmula a la Vicepresidencia es muy poco lo que se conoce, salvo su formación académica y el cargo ocupado en el Viceministerio de Educación en el gobierno de Álvaro Uribe.
Enrique Peñalosa, es una persona decente en política, al que no se le pueden atribuir comportamientos relacionados con corrupción, tráfico de influencias y enriquecimiento ilícito. Su visión de ejecutivo lo cataloga como pragmático e inclinado por los resultados y las metas. La mayoría de sus opiniones sobre los temas neurálgicos lo ubican con una posición de centro. La Alianza Verde debería tender puentes hacia la búsqueda de unir todas aquellas fuerzas inconformes con la clase política tradicional y también aquellas tendencias de la izquierda colombiana que pese a estar en la oposición no tiene el espacio y sobre todo las propuestas que logren llenar las expectativas de los sectores sociales, empresariales y de la sociedad civil que vienen siendo marginados de las decisiones estructurales del país.
En Colombia los partidos tradicionales que en otrora gobernaron y se alternaron el poder, con la crisis y el desprestigio crearon nuevos partidos con viejos y nuevos dirigentes pero en la práctica siguen pensando, actuando y llevando al país por el mismo sendero que en épocas de la violencia. La U, Centro Democrático, Cambio Radical, PIN, son la expresión más recalcitrante del viejo Partido Conservador y Liberal colombiano. La polarización del país ha dejado como opción a los ciudadanos solo las tendencias de derecha. Por su parte las posiciones de centro se han desdibujado por no tomar partido en los temas de fondo. Es el reto que tiene la Alianza Verde y el Polo Democrático Alternativo es si aglutina las corrientes de izquierda, de centro e inconformes.
