Encuestas divergentes
Por Amadeo Gonzalez Triviño
Los medios de comunicación se han pronunciado en esta semana, con sendos reportes de lo que se constituye hoy en día, los resultados de encuestas que se patrocinan entre sí, para sensibilizarnos sobre el pensamiento colombiano respecto de los personajes de moda, esto es, de los dirigentes políticos, y la forma como se administra el país.
Entre encuestas y opiniones, difícilmente encontramos certeza o credibilidad en unos y en otros. Son tan equívocas las interpretaciones, que se utilizan según los encargados de direccionarlas y utilizarlas para su propio beneficio, que terminan desconociendo en esencia, el verdadero trasfondo que se evidencia en la realidad y el cual, se oculta o se minimiza, con el fin de resaltar lo menos creíble.
Que la popularidad del señor Presidente ha crecido o decrecido, que el proceso de paz no es una alternativa que se mire con buenos ojos, o que algunos dirigentes de la política tradicional, tengan más elementos negativos que positivos, son en síntesis, derroteros que extrañamente los colombianos olvidan en el momento de aplaudir o de censurar los actos de gobierno.
En lo que si estamos convencidos es que el país no va por buen camino, que estamos todos los días, más próximos a la bancarrota y al desastre total, que a aquellos aires de renovación de cambio o de un estilo político más acorde con las necesidades de las colectividades o de los ciudadanos.
Pero como los colombianos nos hemos acostumbrado a vivir en el infortunio, a olvidar con una facilidad pasmosa y ser más condescendientes con lo absurdo que con las soluciones que se requieren para combatir la corrupción, el delito, la impunidad, la injusticia o las desigualdades sociales, es cuando tenemos que convencernos de que como vaya el país, bien o mal, a nadie le interesa.
Tristemente esa es la dura realidad, un país de indolentes, un país que perdió el rumbo, por obra y gracia de sus dirigentes y que se ha entregado a convivir con el crimen, con el delito y con la injusticia, es lo que estamos heredando, estamos usufructuando y estamos preparando para nuestros hijos.
Lo evidente y volvemos a reiterar, es que pregonamos falsos distractores, como las negociaciones en la Habana, hasta el punto de llegar a plantear la conexidad de delitos como el narcotráfico con el delito político, y de permitir que muchos delitos de lesa humanidad, terminen siendo desconocidos o pasados por alto, con el fin de suscribir acuerdos, que en últimas el pueblo colombiano no va a ratificar en las urnas, a no ser que se quiera revivir la tradición electoral, con la compra de votos y de prebendas y de mermeladas a las que están acostumbrados los electores en Colombia, y pese a ello, va a ser difícil que se avalen tales acuerdos.
Por todo esto, es que consideramos con esa franja que ha opinado, que el país va por mal camino, que no tenemos dirigentes que estén comprometidos con la convivencia pacífica y con los fenómenos que nos acerquen a hacer patria, a hacer verdadera patria, como se requiere para el bien de los colombianos, no de hacer patria con unos, en contravía de los intereses de los otros.
La paz, no se negocia, la paz se conquista en la medida en la que haya políticas sociales y humanas, que rescaten la dignidad y los valores esenciales de cada uno de los colombianos, lo cual no necesita acuerdos, sino acciones y decisiones en las que converjan todos los intereses de la nación, por el bien de todos.
