En los zapatos del colombiano de a pie
Alfonso Vélez Jaramillo
Creo que nadie quisiera estar en los zapatos del presidente Juan Manuel Santos, pese a que ocupa el cargo más importante y está a punto de conseguir el final del conflicto con las Farc.
Nada más por el hecho de tener tan cerca un acuerdo que le ponga fin a la guerra, deberíamos estar unidos esperando ansiosos ese gran momento que es una aspiración de la mayoría de los colombianos.
Sin embargo, vemos a una oposición ciega, obsesionada y enfurecida enfrentándose al grueso de sus compatriotas que, según los sondeos de opinión, no desea más sangre y quiere el fin del conflicto.
Inclusive, no me explico porque los campesinos, indígenas y hasta los profesores catalogados como los más entusiastas defensores del proceso de paz, amenazan con movilizaciones y paros en este coyuntural y crucial momento que vive nuestro país.
Sus reclamos podrán ser muy justos, pero cuando utilizan las vías de hecho están generando las condiciones para más violencia. Así que mejor agoten todas las instancias antes de llegar a la provocación que los coloca muy cerca del crimen.
No aportan nada a la sociedad bloqueando las vías, quemando buses y automotores particulares, porque sus dueños no les han hecho daño, son otros ciudadanos que luchan para ganarse la vida contribuyendo con su trabajo al desarrollo nacional y regional.
Estas actividades están siendo aprovechadas por extremistas de derecha y de izquierda para generar caos, con lo que pretenden dar la sensación de que tenemos una patria partida en mil pedazos, hay problemas y no se pueden tapar, pero aún no llegamos a esos extremos.
Las vías de hecho son contrarias a la Constitución y la ley y no traen sino desgracias para quienes las practican sin tener en cuenta el mal que le estamos haciendo a la sociedad. Creo que me van a caer rayos y centellas, pero soy consciente de ayudar a mantener la calma.
Ahora, un senador integra la corporación más importante de la rama legislativa, una de las tres del poder público, y en su condición es garante de la paz y la seguridad nacional, por cuya razón en ejercicio de sus funciones debe actuar consultando la justicia y el bienestar general.
Por esta razón no me explico la posición del ex presidente y ahora senador Álvaro Uribe Vélez, quien rechaza un proceso paz y lo ataca con vehemencia, pero reconoce que “el competente para la negociación es el Gobierno” y no reconoce los esfuerzos que se vienen haciendo para ponerle fin al conflicto.
A mi parece que en lugar de haberse negado a dialogar con las Farc, hubiera sido más rentable para su posición política, haber aceptado un encuentro con Timochenko, o al menos designar una comisión de su partido para exponer de frente sus condiciones de cara al país.
Creo que sin Uribe el proceso de paz va a tener problemas, debido a que no se sabe cuál va a ser su plan B para seguir en la actividad proselitista una vez se firme el acuerdo y las Farc entreguen las armas y se integren a la vida civil, no es un secreto que la plataforma política del ex presidente la ha centrado en la guerra contra subversión.
El doctor Uribe y su partido tienen una histórica responsabilidad como alternativa de poder, creo que ganaría más sin polarizar a la opinión pública, porque nada nos ganamos con firmar un acuerdo de paz, si sigue otro conflicto entre quienes se consideren perdedores o ganadores. Aquí debe ganar Colombia, y el país se lo va a agradecer.
Caso contrario, la norma constitucional decreta que un congresista es responsable políticamente ante la sociedad y frente a quienes lo eligieron, la historia no miente ella nos mostrará será el resultado, mientras tanto hay que seguir firmes apoyando el proceso de paz de la Habana, no veo otra salida para tratar de conseguir la reconciliación de los colombianos.
