En las manos juguetonas del “doctor Caramelo”
Por Edgar Artunduaga
Las Empresas Públicas de Neiva tienen “el nivel más alto de incertidumbre”, según el Comité técnico de calificación de “Value and Risk Rating S.A”, informe contratado por la Superintendencia de Servicios Públicos. La capacidad de pago es mínima, a 15 de febrero de 2015, fecha de entrega del análisis.
El alcalde Pedro Suárez tuvo la generosidad de entregarle por 20 (veinte) años todo el servicio a la empresa Ciudad Limpia y –como gran cosa- garantizar que la EPN, propietaria del relleno sanitario, recibirá el 5.45% del recaudo mensual.
A septiembre de 2014 la entidad registró $-1.215 millones por concepto de ajustes de ejercicios anteriores. Tiene un crédito cuyo saldo es de $2.097 millones. Y tres leasing financieros por $714 millones para la compra de una camioneta, una retroexcavadora, actualización tecnológica y un equipo de succión. También un crédito con Infihuila por $1.060 millones destinado a la “modernización administrativa”.
Para este año, según el mismo informe, EPN planea adquirir nuevo endeudamiento por $5.300 millones. Como garantía de pago, la entidad pignorará el 130% de los ingresos recibidos por prestación del servicio de acueducto y alcantarillado.
La cartera por edad de mora se concentra en vencimientos mayores a 360 días (52.71%), seguida de la cartera financiada (21.67%) que corresponde a acuerdos de pago entre EPN y los usuarios.
La entidad afronta 164 procesos en contra, cuyas pretensiones ascienden a $76.459 millones, que tienen probabilidad media de fallo, según estimaciones de la misma empresa.
Paro aquí, porque me aburren los informes financieros, sobre todo si lo que indican es una quiebra. Y me voy consiguiendo las botas pantaneras, que ojala me lleguen hasta la barriga, para entrar al fango en que anda la empresa, que primero atracaron los González Villa y después los siguientes alcaldes, con los huesos roídos que le dejaron a ese cuerpo moribundo.
El alcalde Suárez se comprometió en campaña a entregarle la gerencia de EPN a su contrincante del momento, Aurelio Navarro, para que le despejara el camino. Y le cumplió, tras una serie de componendas y transacciones que no sólo fueron políticas. Y menos ideológicas, porque ninguno de los dos alcanza a eso.
Obvio que Navarro no era el hombre para semejante reto, empeorada la situación con el subgerente Alejandro Serna, que por sus poses y maneras se convirtió más bien en el jefe de protocolo, belleza y “damo” de compañía del gerente (allá ellos con sus razones e historias).
La situación es grave, sin hablar –todavía, por lo pronto- de temas aberrantes de corrupción. Estamos en las manos juguetonas del “doctor caramelo”, como le dicen a Navarro, por la costumbre que tiene de hablarle siempre al oído a las damas. Y la extravagancia de andarle cogiendo a los señores el lóbulo de la oreja (dije lóbulo, nada más). O hurgando ombligos, cuando entra en mayor confianza.
