En esta esquina: Paquete chileno
Por Marco Fidel Yukumá
Fue una mañana de operativos intensos y repetidos en toda la ciudad contra los motociclistas. Los guardas salieron a las calles desde muy temprano a ejercer control contra el mototaxismo, era la orden que había impartido el alcalde, presionado por los transportadores, molestos por lo que ellos han denominado competencia desleal.
La ciudad estaba repleta de puestos de control, los guardas de tránsito tenían instrucciones de no perdonar una sola infracción, y exigían sin contemplación los documentos completos, porte de casco, espejos en la moto, castigaban con dureza a quienes en zonas prohibidas llevaban parrillero. Era un día mortal para los motociclistas. Policía, Ejército y guardas de tránsito habían conformado una poderosa fuerza para reprimir sin compasión el mototaxismo.
No había ese día tregua para ningún conductor de moto en Neiva. A las 8 y 15 de la mañana ya estaban las grúas de la Secretaría de Movilidad llenas de motos listas para ser trasladadas a los patios. No se salvaban ni siquiera aquellos motociclistas que han aprendido a evadir los puestos de control, tomando recodos y caminos cortos apenas se percatan de la existencia de improvisados retenes en diferentes puntos de la ciudad. Las grúas a esa hora ya habían hecho por lo menos dos viajes llenas de motos inmovilizadas por diferentes infracciones. Era como he dicho, un día terrible para los motociclistas de la ciudad.
En medio de ese caos y el afán de llegar a su sitio de trabajo, quedó atrapado en un puesto de control frente al estadio de futbol José Eliécer, un mensajero de empresa que por aquello del desespero de ir tarde a trabajar, no se dio cuenta y en cuestión de segundos estaba rodeado de guardas y Policías. Jorge Eliécer, tenía vencido el SOAT, infracción gravísima que genera una multa cuantiosa, y como estaban ese días las cosas, lo más posible es que su motocicleta iría a dar como tantas otras a los patios de tránsito.
Un guarda le ordenó detenerse y le pidió que ubicara la moto en un extremo de la vía. Jorge Eliécer, le advirtió antes de exhibir los documentos que su póliza de seguro obligatorio estaba vencida. El guarda verificó la fecha de vencimiento y miró fijo a la cara a Jorge Eliecer, luego se retiró un poco del grupo de policías, observó la placa de la moto, extrajo de un maletín la comparendera y antes de empezar a inyectarle los datos de la infracción advirtió en voz baja al motociclista en forma contundente:
- Mire joven, esto se puede arreglar de “50.000 maneras”.
- Listo, le respondió Jorge Eliécer, y se llevó la mano al bolsillo, pero el guarda alarmado, le volvió a advertir con la misma autoridad.
- Eso no me lo puede entregar aquí, cómo se le ocurre, delante de tanta gente. Mire, allá adelante después del semáforo hay un poste, discretamente déjelos ahí. Arranque hermano, hasta luego.
Jorge Eliécer tomó esa dirección, sacó un billete de 2000 pesos y lo dejó aprisionado con una piedra en la base del poste, y pensó antes de acelerar, esto no se arregla de “50.000 maneras, con 2000 maneras es suficiente”, y partió sonriendo.
