En esta esquina: La vergüenza de ser personero
Por Marco Fidel Yukumá
Un grupo de conejales de un pueblo cercano visitó a mi hija María Paz, para proponerle la posibilidad de postular su nombre como personera, se habían enterado sobre la terminación de sus estudios como abogada. Ella, se entusiasmó y me informó con emoción moderada, pulsando mi opinión sobre la insólita notificación.
Le advirtieron que por tradición, los aspirantes al cargo para asegurar su elección, y resolver los posibles escollos que surjan en el proceso, deben destinar de su salario, o de su cuenta, una suma importante para los concejales que voten en su favor allí en el seno de la corporación, hecho que no le gustó para nada, y que decidió discutir conmigo, tan pronto escuchó la insólita propuesta.
Pensó María Paz, que esa era una costumbre exclusiva de ese municipio y me contó horrorizada, haciendo énfasis en la tranquilidad o el cinismo con que los concejales que la escogieron para postular su nombre, hablaban de la contraprestación, como si se tratara de una circunstancia muy normal, muy común, muy sencilla. Es decir, le sorprendió que los servidores públicos no tuvieran ninguna vergüenza para hablar de sus costumbres politiqueras y clientelistas, me dijo, con cierto aire de rabia y desconcierto.
¿Cómo te parece Papi? Me preguntó con el mismo asombro del momento en que le formularon el generoso ofrecimiento, aclarándome que ella veía muy jodido ser personera, prácticamente comprando a los concejales para que la eligieran. Hablaba con una especie de ingenuidad y rabia, como si fuera la primera postulada a ese cargo en el Huila, que ha tenido que escuchar este tipo de sugerencias politiqueras y aberrantes.
Me dijo que le gustaba el reto de ser personera, porque conocía el campo de acción que tiene el cargo, ayudándole a la gente, apoyando a las comunidades y protegiendo en cierta forma el patrimonio del municipio, pero por qué tiene que ser así, ¿por qué hay que pagar por una elección que debe ser, según la ley diáfana y limpia?
Entonces yo la desengañé. Le conté que este ejercicio sucio y deprimente se hace prácticamente en todos los municipios del Huila y del país. Que esa elección de personeros se ha convertido en un vulgar bazar organizado por los concejales, que todo el mundo lo sabe, que las autoridades conocen el sucio sistema y no hace nada.
Le dije también que a algunos personeros de Neiva y otros municipios les ha tocado para recuperar la plata que le deben pagar a los concejales por su elección, exigirles a sus empleados o colaboradores cuotas de sus salarios, en un hecho mucho más horrendo que el que conoció. Es más, le dije que personalmente he recibido quejas de funcionarios de la personería de Neiva que les ha tocado padecer ese flagelo y que se tienen que quedar callados porque pueden perder sus cargos. De ese tamaño es la situación, la enteré para acabarla de desanimar.
También le informé que lo mismo ocurre con las contralorías de los departamentos, y que el Huila no es para nada ajeno a esta odiosa práctica, y que a nivel nacional se está pensando en eliminar las contralorías porque es muy poco y muy pobre el papel que juegan en la vigilancia y protección de los recursos del Estado. No se asombre hija que así es su patria.
