En esta esquina: La desconfianza en Comfamiliar
Por Marco Fidel Yukumá
Tienen razón los integrantes del sindicato y algunos trabajadores de Comfamiliar de exigir que el control de la entidad sea asumido por personas que no hayan estado cerca del director Armando Ariza, involucrado en una gravísima investigación por lavado de activos y extinción de dominio, además en presuntos manejos irregulares de los recursos de la salud.
Los inconformes con la designación provisional de Harold Salamanca como representante legal, tienen razón al asegurar que tanto él como los integrantes del Consejo Directivo, que han estado siempre cerca y muy cerca del director Armando Ariza, estaban muy enterados de lo ocurrido y de las presuntas irregularidades en que se ha incurrido, y nunca dijeron nada, se quedaron callados, dejando un raro sabor de complicidad. Sobre todo, los integrantes del Consejo Directivo.
El doctor Armando Ariza se preciaba y decía a los cuatro vientos, “que todas las decisiones que adoptada eran resultado de una minuciosa consulta, y por consiguiente de la ineludible autorización de los integrantes del Consejo Directivo”. Hecho que deja muy en claro que ellos estaban debidamente informados y tenían todo el conocimiento de causa de cada uno de los actos del director. Además los miembros del sindicato venían denunciado desde años atrás éstas y otras irregularidades y nadie les paró bolas, mucho menos los directivos y los consejeros.
La presidenta del sindicato Yaneth Pardo Barrera, lo ratificó esta semana en los medios de comunicación que hicieron públicas sus denuncias, que cuando ellos denunciaron y pidieron a la Superintendencia de Subsidio que investigara estas irregularidades, efectivamente enviaron a unos delegados, pero que tan pronto llegaron, el director Armando Ariza, se los llevó a beber y a comer y no pasó nada, la tal investigación quedó en whisky, buena comida y lujosas atenciones.
¿Por qué no van a estar preocupados algunos trabajadores y los miembros del sindicato con lo que están viendo? Ellos le han pedido con justa razón a los integrantes del Consejo Directivo que den un paso al lado, porque advierten que son responsables, que sabían lo que estaba pasando y se quedaron callados, lo mismo que los directivos cercanos que participaron en la toma de decisiones y que hoy suscriben comunicados y lanzan voces de solidaridad, insinuando que la justicia se ha excedido. Deberían renunciar por respeto a los afiliados y a quienes les duele lo que han venido haciendo con la Caja de Compensación Familiar del Huila.
El año pasado cuando se produjo la resolución de acusación contra Armando Ariza Quintero, por el escándalo de la salud, sugerí desde esta columna de opinión con todo respeto que renunciara al cargo, o que se apartara mientras se conocían los resultados de las investigaciones, y aclaré que no asistiría a ninguno de los eventos e invitaciones que él hacía constantemente a los medios porque no me sentía bien al lado de uno de los hombres más ricos de los últimos años en el Huila, y paradójicamente con el mayor número de investigaciones.
Como es lógico no obtuve ninguna respuesta, y sabía que lo que proponía era una utopía censurable y salida de todo tono, pero me proponía simplemente hacerle caer en la cuenta al director y a toda su gente que como yo, ya había mucho huilense inconforme con lo que estaba pasando.
