En esta esquina: Atizando la guerra
Por Marco Fidel Yukumá
Los sicólogos y siquiatras que analizan el fenómeno de la violencia intrafamiliar en Colombia, han encontrado que esta es otra guerra que lamentablemente se libra en muchos hogares donde mueren mujeres y niños inocentes, víctimas de la intolerancia que hace carrera en todos los recodos de la población.
Según las cifras estadísticas de la Policía, la Asociación Colombiana de Sicología, entre otras entidades, en los últimos 6 años los casos de violencia familiar se dispararon, crecieron en más de un 48 por ciento, y lo más grave es que el país está aprendiendo a convivir con este grave fenómeno, es decir, el poder de asombro ante la muerte de niños, mujeres y adolescentes se ha perdido. La insensibilidad en colegios, escuelas y universidades por la ocurrencia diaria de menores baleados, mujeres brutalmente asesinadas por sus compañeros sentimentales, ha desaparecido.
La costumbre de escuchar y ver noticias sobre violencia intrafamiliar a diario, no solamente ha permeado el poder de asombro sino que ha vuelto tolerantes a los colombianos con este tipo de hechos que vulneran los valores en la familia. Señalan los estudios sobre violencia intrafamiliar en Colombia que no hay día en que los noticieros no incluyan en sus ediciones, informaciones sobre la crónica roja que se está generando en los hogares del país.
Una de las tantas razones de esta insensibilidad que se ha apoderado de Colombia frente a los miles de casos de violencia familiar, cuyas estadísticas se dispararon en los últimos 6 años, la atribuyen algunos investigadores al mal ejemplo que en este aspecto ha dado la misma familia del presidente Santos y la de su primo hermano Francisco Santos, que han impuesto un lenguaje y un proceder con cargas elevadas de violencia en la disputa que libran tras las ansias desmedidas de poder.
¿Qué puede pensar un niño o un adolescentes cuando presencia por los medios de comunicación a los hijos del presidente Santos, agarrados sin ningún escrúpulo por las redes sociales, diciéndose de todo y desafiándose en forma violenta? Ese mal ejemplo se expande, según los estudiosos del tema, con mayor fuerza y genera unos efectos sociales de gran penetración.
Conceptos como el proceso de paz en Colombia, una temática de gran interés en todo el mundo, es utilizado por la familia del presidente Santos y la de su primo hermano Francisco Santos para agudizar sus diferencias personales y los insultos. Estos episodios son convertidos en extraordinario espectáculo a través de los medios de comunicación en horarios de altísima audiencia, y los tienen que presenciar niños, adolescentes, esposas y esposos en sus hogares que los emularán, pues sus protagonistas son los integrantes de las familias más “respetables” del país, y su ejemplo se propaga como pólvora.
¿Cómo creer que la paz que defiende el presidente Santos con tanta vehemencia es de verdad, cuando su familia libra una guerra pública, en la que se evidencian el odio, la ambición, el engaño y otra serie de vicios que se apiñan en la Casa de Nariño? “La Paz demanda no solamente hechos de paz, requiere de un lenguaje comprensivo y civilizado” (Patrick Modiano)
