En el Huila también hay minas antipersonas
Por Julio Cesar Triana Quintero
Desafortunados los hechos registrados en la presente semana en el municipio de Briceño, Antioquia, en donde el ejército adelanta acciones de desminado humanitario y aporta una nueva víctima de esta técnica anti convencional de la guerra en la humanidad, el soldado Wilson de Jesús Martínez. Nuestro departamento si bien no es uno de los mayormente afectados por este flagelo de guerra, ha aportado a las mortales estadísticas de victimas de minas antipersonas un número significativo de huilenses, entre los cuales además de soldados se encuentran niños, niñas, mujeres y hombres principalmente campesinos. Estas estadísticas nos indican que desde el inicio los ataques con este tipo de artefactos se han registrado en el país un total de 11.143 víctimas, de las cuales 232 han sido en nuestra región. También los estudios indican que este tipo de artefactos pueden durar esperando por sus víctimas hasta por más de 20 años, pues la mayoría de sus componentes son plásticos y por lo mismo de una biodegradación muy lenta. Debemos considerar entonces, la importancia del desminado humanitario en nuestro departamento en el escenario del posconflicto, pues el camino en esta tarea, aún después de la firma de un acuerdo, es bastante largo y muy seguramente seguirá cobrando victimas sin discriminación. Merecen nuestros hijos y futuras generaciones unas tierras y campos en los cuales se pueda caminar sin el temor de encontrar la muerte en el siguiente paso. Muy seguramente los habitantes de municipios como Algeciras, Colombia o Baraya así lo sueñan, pues quienes han sufrido en mayor número y más cerca a estas víctimas, son más conscientes de la necesidad de terminar este conflicto y erradicar la amenaza de muerte sembrada en sus campos, vegas y potreros.
Los Colombianos también debemos felicitar y reconocer la valentía y compromiso de los hombres del ejército de Colombia, que a pesar de tener que combatir contra un enemigo que utiliza técnicas no convencionales de guerra, ahora por las circunstancias y acuerdos logrados con las Farc en el proceso de paz, tiene que poner por encima de sus diferencias y malos recuerdos, el bienestar del pueblo, y desprenderse de cualquier asomo de resentimiento, para que de la mano de su tradicional adversario quién aprendió muy bien a fabricar y sembrar minas, pero no a desactivar, termine en casos como el del soldado Martínez, entregando hasta su propia vida para limpiar nuestros campos de las semillas de la muerte, sembradas de manera demencial por los protagonistas de la guerra.
