En defensa de la libertad
Marco Fidel Yukumá
En esta esquina
Las diferencias entre las directivas del Diario del Huila y los periodistas que renunciaron, según ellos por censura y demora en el pago de sus salarios, son reprochables, ameritan la solidaridad con los colegas afectados, pero a su vez deben ser objeto de una bien calificada reflexión.
Mi estilo crítico, mi actitud de inconformidad y rebeldía ante los abusos, los excesos y la tiranía contra la palabra deberían ponerme en coherencia y renunciar a esta columna como lo han hecho otros, con o sin razón, pero antes de tomar ese decisión me día a la tarea de recapacitar y revisar la libertad con qué he contado durante más de 10 años para escribir en este medio sin la más mínima intención de censura. ¡Jamás! En más de 300 columnas que he escrito objetando y criticando hasta al más encopetado de los políticos y funcionarios públicos, he encontrado la más mínima objeción, por el contrario, absoluta libertad hasta para cuestionar conductas de personajes muy cercanos a esta casa editorial. Esa libertad debe valorarse, ese respeto por la opinión tienen un significado enorme no para mí, para una región donde los vicios públicos y la corrupción no dan tregua.
Un periódico como el Diario del Huila que le permita con absoluta libertad a sus columnistas actuar con el buen uso de la palabra encarna un beneficio social sin precedentes, es una tribuna saludable, sinónimo de madurez, de cultura e identidad, nada común en una región donde las coimas y otros malestares en la administración pública se han vuelto casi normales en gobiernos inescrupulosos como los que nos ha tocado lidiar en estos años en que este periódico nos ha permitido hacer uso de la verdad, incluso a veces guiados por la rabia y el sentimiento que produce presenciar el espectáculo de la corrupción.
Dejar de hacer esta columna sería desperdiciar la valiosa oportunidad que se le ofrece a la libertad de expresión para recurrir al don de la palabra contra quienes creen que los recursos del Estado y las decisiones del poder son para el beneficio de unos pocos en detrimento de quienes tienen menos oportunidades, de quienes con dificultades pueden hacer valer sus derechos y hacer uso de lo que les corresponde.
En esta columna, desde cualquier esquina de la región, he podido decirle sin ningún apremio a los caciques como Rodrigo Villalba, Hernán Andrade, Jorge Eduardo Géchem y José Antonio Gómez Hermida, y a los demás politiqueros que se las dan de líderes, que la región no les debe nada, y que acumulan a diario una deuda que no se sabe cuándo van a pagar porque se les pasó el tiempo y consiguieron a granel solamente para ellos y sus más cercanos, porque cada día que pasa demuestran que por el departamento no han hecho más que beneficiarse de sus instituciones, del voto de los electores incautos y de todo lo que han podido.
Estas son las razones por las cuales valoro este medio, sería incoherente retirar esta columna en solidaridad con mis colegas a los que no niego que les asiste razón, pero espero que ellos comprendan que también estoy en el deber moral y ético de agradecer sin reparos la facultad que me han dado para hacer uso de la verdad sin tapujos, y eso para quienes honramos la opinión y su papel en la sociedad tiene un precio social incuantificable.
