lunes, 13 de julio de 2026
Opinión/ Creado el: 2016-04-06 10:11

Emergentes

Gloria Cepeda Vargas

Escrito por: Redacción Diario del Huila | abril 06 de 2016

No solo los humanos somos víctimas de calificativos disonantes. También lo son las palabras. Me refiero al vocablo emergentes, término  polisílabo, átono y como sus congéneres, indefenso ante el primitivismo de nosotros, los monos sabios de la especie.

Más de una vez he oído designar, con cierto campanilleo jactancioso, a los nuevos ciudadanos que desean codearse con los gurúes de las viejas camarillas económicas, sociales y políticas. Éstos, haciendo  alarde de clasismo y sobre todo de  ignorancia acerca del uso semántico que demanda la palabra en cuestión, intentan descalificarlos designándolos  como “clases emergentes”, lo que en su manera de discernir, significa  “unos igualados de quinta”, que con osadía pretenden abandonar  el substrato que les corresponde: las tinieblas exteriores a que los condenaron –siglos ha- acaecimientos tan vergonzosos como ridículos.

Sucede que  llevamos a cuestas un alzhéimer hasta ahora incurable. El simple sentido común nos ilustra al respecto: absolutamente todos los componentes de la tribu humana pertenecemos a la clase emergente. Unos emergieron primero y otros lo hicieron después de acuerdo a la magnitud de las agallas y lo propicio de las circunstancias.

Emergentes fueron Napoleón, los Borgia, los Romanov, los Windsor, los Habsburgo, los Kennedy, los filibusteros, Onassis, Obama, Bolívar, Juana Inés de la Cruz, los Templarios, los cruzados, Cristóbal Colón, Popeye el marino, nuestros “honorables”, nuestros desechables y por supuesto, nuestros intocables ¿y qué decir de la capacidad trepadora de nuestros tatarabuelos españoles, que a cintarazo limpio, se alzaron desde  un analfabetismo casi ontológico al rango de ricos propietarios, con estatua incluida?  Pablo Escobar corona su rebote  y Nairo lo pedalea y ni hablar de las reinas de belleza o de los subalternos de toda escala que en el mundo han sido.

Emerger no es una patología ni un pecado. Esto forma parte   del proceso evolutivo de la especie. Lo que sucede es que en unos se llama superación y en otros  flotación. Sería deseable que por lo menos intentáramos emerger en aguas del conocimiento y el respeto por el otro. Eso representaría la única manera de seguir nadando con tranquilidad hasta que la muerte nos iguale. Que así sea para bien de la humanidad y  de la pureza de esta lengua tan maltratada y sobre todo tan aguantadora.