Elongación inflacionaria
Diógenes Díaz Carabalí
No sé si elongación sea un término apropiado pero, lo cierto es que, si un estado no cuida sus reservas y sus gastos la economía entra en un proceso de resorte, se contrae y se expande en forma descontrolada. Como sucede en los hogares. Si se desbordan los gastos d el a casa frente a los ingresos, el excedente hay que cubrirlo con crédito. Los ingresos que son escasos no alcanzan y, hay que cubrir créditos con otros créditos, hasta que se comprometen los activos fijos, entonces toca vender el carro, la casa, o ante la imposibilidad de cumplir los pagos el acreedor nos embarga.
En la economía nacional sucede algo parecido. El gobierno para cubrir el déficit acude a emisiones de dinero; el dinero pierde valor, los productos y servicios se encarecen; la reacción normal desde lo político es negar el fenómeno. El efecto de pérdida de valor adquisitivo lo siente primero el ciudadano cuando va al supermercado, a desplazarse de un lugar a otro, a divertirse, a vestirse, a comprar una vivienda. Como el salario no crece en igual proporción, también es política su reacción negativa, el estado pierde favorabilidad pública, los sindicatos llaman a protesta por aumento salarial, los productores se recienten, el riesgo de la inversión aumenta, el escenario se torna muy complejo, aparece la crisis depresiva.
Los precios de los artículos se convierten en rueda de molino, gastamos más de lo que podemos adquirir, cada decisión que no sea reducir el gasto repercute en las divisas, en el precio de los productos y servicios, en la inversión, en la producción. Cada punto concedido en aumento de salario de inmediato es absorbido por el alza de precio de los artículos básicos. Vienen las huelgas, se detiene el proceso productivo, se desborda el costo de vida, la inflación es ya incontrolable.
En un país con marcada desigualdad, donde la riqueza se concentra en la minoría (el 1% de la población es dueña del 40% de la riqueza), la inflación golpea inmisericorde a los más pobres y, la brecha entre pobres y ricos se vuelve un abismo insuperable
Veníamos de un manejo responsable de la economía. Nuestros ministros eran aplicados, el estado atendía el manejo, el país de alguna manera tenía una posición de competitividad frente al modelo de apertura, de globalización, modelo del cual no se sustraen ni las economías socialistas como China o Vietnam. Pero el cambio de paradigma para el manejo económico nos está llevando a una elongación imparable, cuyo retorno es difícil de prever, podemos volver a los históricos inflacionarios de dos dígitos para ahondar la diferencia. Resurgirán fenómenos de violencia nunca antes vistos y el populismo nos puede llevar a una crisis tan desesperante que rompería nuestra tradición de una economía sana.
Si no se frena la locura del gasto, si el estado no toma una decisión frente a la deuda en un acuerdo por suspender pagos para mejorar la infraestructura, en lugar de comprometer los activos, con seguridad vamos en una carrera sin retorno, cuya meta es un abismo donde un loco creído de mecenas puede llevarnos al peor de los cataclismo. Máxime cuando la utilidad de lo que producimos es absorbido por la sobreoferta del mercado externo.
