lunes, 13 de julio de 2026
Opinión/ Creado el: 2016-01-17 10:27

Elias Falla Duque

Orlando Mosquera Botello

Escrito por: Redacción Diario del Huila | enero 17 de 2016

Por quinta vez nos sorprende Elías Falla Duque, hablándonos en forma más amplia sobre el posible origen del hombre, incluyendo características que tuvieron que tener generaciones pre-diluvianas y la post-diluviana, basado en documentos históricos, científicos y observación detenida de imágenes megalíticas esculpidas en diversas partes del mundo, comparaciones y mediciones que no dejan de sembrar inquietudes por aproximarse a textos sagrados de diferentes religiones y por ende de regiones distantes que él ha recorrido personalmente con gran expectación, lo mismo que a través de medios electrónicos que nos trasladan rápidamente a cualquier lugar del planeta.

No sobra recomendar desde ya, varias lecturas al texto con detenimiento, humildad e independencia de cualquier creencia religiosa o prejuicio científico, para comprender la inquietud plena del autor que solo busca darle a los humanos sin jactancia, con cierto viso semiótico, evidencias de su origen, trabajo al que le ha dedicado tiempo y entusiasmo, convencido que cada figura observada y analizada con detenimiento, infaliblemente corresponde a una era y un mensaje concreto de la creación, registradas por culturas de las que hace tiempo hemos perdido la esperanza de interpretar, o de las que simplemente no aparece el famoso “Eslabón perdido”.

Presenta Elías Falla, seis disquisiciones que nos introducen amenamente al viejo debate del origen del hombre, iniciado según su investigación por razas extraterrestres que se pudieron cruzar “sin tener la certeza de la compatibilidad de cromosomas para hacer posible la fertilidad, lográndola gracias a conocimientos genéticos que tenían y desde luego su tecnología”.

Le da seguridad a su inquietud inicial, concluyendo que la tecnología alienígena fue grabada, escrita, borrada y olvidada con el paso de los siglos, pero que gracias a la información fraccionada y diseminada por el planeta, se puede concatenar en alto porcentaje de lectura, volviéndola factible en poco tiempo, realizable y entendible, referencia que nos anuncia continuidad en su investigación que cada día le despierta más obsesión sobre el tema y a sus lectores el interés de recibir otra nueva entrega.

Horas enteras en tiempos y viajes diferentes -solo o acompañado con estudiosos del tema-, ha buscado interpretarlas, señalando en una de ellas un coito de un ser terrícola con un extraterrestre, sumando a la tesis la conjugación de cromosomas que él como ex-estudiante de casi todos los años de medicina y lector incansable, comprende ampliamente, pasando por el famoso diluvio del que se encuentran rastros en muchas partes del mundo, al punto que estudiosos del fenómeno natural se atreven a decir que fueron varios los acaecidos.

Desde luego, existen diversos registros de dicha inundación, cincelados en diversas partes de Asia, no en redacción tan bella y espectacular como la bíblica, pero sí, varios coincidentes en su dimensión. Uno de los anales sobre este tema está plasmado en la undécima tablilla de la versión asiria de la “Epopeya de Gilgamesh”, relato babilónico del siglo VII A.C. Su autor señala como conclusión que el hombre no puede esperar su inmortalidad, ya que el único que la consiguió es el Noé babilónico.

La semejanza entre el babilónico y el hebreo, sugieren que es un relato del mismo acontecimiento pero el contenido moral y teológico del judío es obviamente diferente. Para los hebreos la revelación de Dios consiste no solo en contar los hechos sino también su interpretación moral, de allí su celo por la totalidad de su canon poético.

También incluye Elías Falla en su investigación, referencias a planteamientos de culturas ancestrales como la Nazca del Perú y los antecesores de los Muiscas en Colombia, señalando sin complejos posibles fallas de la NASA en el análisis de figuras afines de varios lugares del planeta. 

Reconoce que la historia más aproximada a la del origen de la humanidad es la cristiana, narrada desde el Capítulo Sexto del libro del Génesis, hasta el Noveno donde registra a los descendientes de Noé, tras el pacto de Dios con el Patriarca y un pequeño segmento de su vida tras el diluvio, interpretación que lo lleva además a aseverar que en la biblioteca de Alejandría seguramente se hallaba el compendio del origen de la humanidad.

Agrega también científicamente, la aparición de los tipos de sangre existentes en el planeta, su tiempo aproximado de fluir en los humanos, ubicando el tipo “O” como el más antiguo, y la aparición millones de años después de los “A” y “B”, concluyendo que la formación de cinco dedos como característica del cuerpo humano, pertenece a la generación postdiluviana.

Desde luego no deja de reconocer la importancia de los mensajes cifrados en las figuras agustinianas que le despertaron el inicial interés por el tema, las que tienen afinidad y similitudes con las de otros lugares no menos importantes o enigmáticos, a los que también ha dedicado tiempo y dinero, cerebro y temple de nervios para aguantar crítica mordaz de los que no se interesan por el tema, al estar alienados en preocupaciones pasajeras.

Podrá tildársele de loco sin consideración en todas las formas o léxicos, pero su insistencia en el tema del origen y la evolución de razas según registros milenarios, lo hacen digno de reconocimiento por plasmar su investigación en forma particular y descomplicada, sin otra ostentación que el tiempo destinado a la investigación y el título de ser un aportante de luces sobre algo que nadie tiene la última palabra, pasando por alto, inclusive, técnicas tradicionales de investigación y críticas mordaces.

Sin parar bolas al rechazo inicial del tema y la envidia de unos cuantos, ha pasado a ser columnista de diarios, conferencista de universidades, participante principal de encuentros, mesas redondas y paneles, entrevistado central en programas radiales y contertulio apetecido y respetado para gente de todas las edades.

Todo porque anida en su personalidad el solo interés desbordante de ganarle tiempo a la vida para mostrar un resultado que dé inicio preciso a la historia del ser terrícola, sin atropellar a nadie, sin desconocer que todo lo que existe tiene un ser supremo -confirmado en su propio nombre que en hebreo significa: “Mi Dios es Yahveh”; sin buscar especulaciones, elogios o figuraciones porque la vida le ha dado de todo y de su propio bolsillo ha editado sus libros, faltándole solo descifrar por completo, ciertos contactos que tienen estos lenguajes semióticos registrados con arcanos, tal vez buscando sus autores que otras generaciones reconocieran su existencia, sus avances tecnológicos y sus penurias, en un mundo que por buscar tanto, fácilmente destruye generaciones.

Si iniciar es hacer la mitad como dicen los paisas -pueblo ancestral suyo por parte materna-, más de diez tomos sobre el tema nos esperan como mínimo de la pluma de Elías Falla Duque, que quiéranlo o no han comenzado a despertar interés a varias editoriales prestigiosas. 

 

 Escritor Elías Falla Duque 

Archivo Fotográfico Gregorio Hernández de Alba. Biblioteca “Luis Ángel Arango”.

Parque principal San Agustín.