sábado, 11 de julio de 2026
Opinión/ Creado el: 2016-11-02 08:20

El terremoto del 67

Margarita Suárez Trujillo

Escrito por: Margarita Suárez Trujillo
 | noviembre 02 de 2016

Deshojando Margaritas

Los dos temblores del domingo pasado, en los que afortunadamente no hubo víctimas, me recordaron los momentos sufridos durante el terremoto del jueves 9 de febrero de 1967, que ocurrió a las 10:24 am. En el Huila fueron destruidas mil viviendas, mil quinientas quedaron semidestruidas y cinco mil averiadas. El techo del Templo Colonial se vino al piso. El edificio de las 56 ventanas, donde funcionaba la Gobernación del Huila, quedó inservible. En Neiva, se contabilizaron quince muertos, en todo el país hubo 98 y cerca de 100 mil afectados. Entre los heridos, recuerdo en Gigante a una vecina de mi familia, Naufa Gamboa, quien quedó en sillas de ruedas, al perder sus piernas cuando salió corriendo de su negocio de Miscelánea a guarecerse en el andén de al frente y le cayó una tapia encima. Cuatro hermanas estudiábamos en el Colegio de la Presentación, que funcionaba en el mismo sitio donde está hoy, en un edificio de bahareque que se hizo polvo. Gisela Manrique estaba enyesada de una pierna y sus compañeras la echaron a rodar por la baranda de la escalera, porque no podía bajar con esa avalancha de gente que corríamos para llegar al primer piso. Mi papá fue el primer padre en llegar, gracias a que se encontraba con el Comandante de la Policía, Coronel Fabio Trujillo, que era muy amigo. Nos encontraron en el patio llorando, abrazadas a un árbol. Estábamos en proceso de trasladarnos a vivir a Neiva y nos mandaron adelante, para iniciar colegio, alojadas en la casa de una tía mientras nos entregaban la nuestra. Mi mamá se quedó en Garzón con mis cuatro hermanos menores. No supimos nada de ellos sino horas después, porque los teléfonos colapsaron y la carretera se dañó por los derrumbes. En las noches posteriores no quisimos dormir dentro de la casa y nos sentábamos afuera con las vecinas (recuerdo a las Lara Bonilla y las Cabrera Falla) a esperar el amanecer. Hubo cerca de 20 réplicas y en cada una salíamos corriendo. A las alumnas de la Presentación nos enviaron a estudiar en el Salesiano, en el precioso horario de 1 a 6 pm. Como había volquetas cargando piedra y escombros, el ruido lo confundíamos con un temblor y cada rato había estampidas. Terrible!!!